sábado, noviembre 13, 2010

Señales

En mi ciudad de adopción gusta mucho un estilo de conducciòn consistente en considerar las señales de tráfico como meras indicaciones orientativas que uno puede infringir cuando así le convenga. En mi ignorancia yo pensaba que se trataría de una característica congénita que los vigueses arrastraban desde la cuna.

Craso error. En lo alto del Castro existe un monísimo circuito a escala con sus semáforos, sus pasos de cebra, sus señales y sus carriles donde los tiernos infantes del noroeste aprenden con paciencia a pasarse las indicaciones por el forro de las gónadas.

Un triunfo más para la educación de las masas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

jaja... La última vez que estuve por ahí, salí viva de milagro y sin el tomtom que no pescaba el satélite. Pa haberme matao....
saúdos