viernes, octubre 28, 2011

Vidas ejemplares y pasadas por agua

Estos últimos días, menudean por los medios varias historias de chinos que, tras atropellar a un niño, se dan el dos para no tener que abonar los gastos del hospital. No crean que esto es pecado exclusivo de chinos. El ser humano, ya sea en su variedad amarilla, negra o rosada, está programado para pensar primero en su ombligo y después en los demás.

Ayer lo puede ver a veinte metros de casa. Caía el diluvio sobre mi ciudad adoptiva cuando un coche se quedó atrapado en medio de una calle inundada. El conductor, angustiado, pedía que alguien le ayudara a empujar el coche para sacarlo de allí. El público en general -más valen zapatos propios que coche ajeno- optó por mirar hacia otro lado. Por lo menos hasta que uno de los espectadores decidió carcajearse del conductor accidentado. La risotada provocó la reacción de uno de los viandantes, que, avergonzado, cesó de hacerse el sueco, dejó su paraguas en el suelo, se introdujo hasta las rodillas en el agua y se dispuso a empujar.

Un gran tipo, sin duda. Pena me da haberme quedado con su paraguas....

Aunque bien pensado, el paraguas ya era mío antes de meterme a empujar.

8 comentarios:

Babunita dijo...

Es Vd. como dirían en su tierra de adopción un cuitado.

xibalba dijo...

Y la cosa se pondra peor pero conforme avance la crisis( en todos sentidos) mundial.Si asi somos "normalmente" en una situacion peor :( .Lo curioso que el que se reia el dia que le llegue a tocar algo asi dira...pero porque no me ayudan

Anónimo dijo...

pero de haber sido una fémina atractiva (dentro del auto) la mayoría no se lo pensaba 2 veces...

Hans dijo...

Estoy orgulloso de tí, un hombre de bien.

petete dijo...

Pues yo hubiera sido de los que hubiera agachado la cabeza y aumentado el ritmo de mis pasos :-(

Lucy dijo...

qué bien que lo ayudaste, como debe ser :)

ChjpHunter dijo...

El conductor, angustiado, pedía que alguien le ayudara a empujar el coche para sacarlo de allí. El público en general -más valen zapatos propios que coche ajeno- optó por mirar hacia otro lado. Por lo menos hasta que uno de los espectadores decidió carcajearse del conductor accidentado. La risotada provocó la reacción de uno de los viandantes, que, avergonzado, cesó de hacerse el sueco, dejó su paraguas en el suelo, se introdujo hasta las rodillas en el agua y se dispuso a empujar.





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Anónimo dijo...

Me ha emocionado saber que aun queda gente decente en el mundo.
Ojala haya mas capitanes como Achab.
By the way, yo tambien soy de las tontas y me hubiera parado (tal vez no al principio, pero si al ver la angustia del enfangado ante las risas del personal).
Siga asi.

(No suelo comentar, pues leo desde el curro y en segundos sueltos de trabajo, pero esta entrada bien valía un rapapolvo del jefe. Ah, espere, si el jefe soy yo. Pues rapapolvo que me crió. Por perder el tiempo diciendole a un hombre bueno que lo es.