
Leo hoy en El Mundo, edición impresa:
"Durante siglos, aventureros y arqueólogos -incluido el cinematográfico Indiana Jones- han puesto todo su empeño en encontrar el tesoro más sagrado de la Biblia: el Arca de la Santa Alianza."
Veamos, sé que lo de la Santa Alianza suena muy bien. Yo entiendo que se ponga uno a redactar sinopsis de documentales de oído y se le cuele el adjetivo. Pero distingamos:
- la alianza, en minúscula, es un arito de metal que se pone la gente en el dedo para proclamar su estado civil a quienes no se lo habíamos preguntado;
- la Alianza, con mayúscula, es el pacto que hizo Abraham con Yahvé. La idea era que los descendientes del primero adoraran al segundo y este les entregaría una tierra que manara leche y miel. Los descendientes de don Abraham pasaban de adorar a Yahvé la mayor parte de las veces. Tal vez por eso, en Palestina abundan más las leches que la miel.
- la Santa Alianza es el chiringuito que se montaron las cabezas coronadas de Europa después de deshacerse de Napoleón con objeto de mantenerse en el machito el mayor tiempo posible.
Así pues, el Arca de la Santa Alianza o bien es el baúl donde el Zar Alejandro de Rusia dejaba las calzas después de plancharlas, o, si no, el cajón donde Metternich guardaba la peluca de conspirar. Sea lo que sea yo juraría que en la Biblia no sale.
Claro, que el Deuteronomio no me lo he leído entero.
martes, mayo 09, 2006
De la Santa Alianza
lunes, mayo 08, 2006
De la conversación absurda
Esto de las conversaciones absurdas después de cantar empieza a convertirse en costumbre, pero se trata de una fuente inagotable de anécdotas. El ejemplo de hoy es el siguiente:
Rubita de inocente aspecto: Achab, un día de estos te vas a cambiar de acera y me voy a partir el culo.
Achab de agreste e hirsuto aspecto: Si algún día me cambio de acera tenga por seguro que a alguien le van a partir el culo, pero no será a usted.
Lo que no consigo recordar es qué dije yo para provocar el comentario de la señorita.
Lo que sí queda muy claro es por qué tengo tan pocos amigos.
sábado, mayo 06, 2006
Teorema del paraguas

Una de las muchas leyes que la sabiduría popular atribuye a Murphy, el despeñador de tostadas, afirma que, si al ver el cielo encapotado, coges el paraguas no lloverá; pero que, si movido por una estúpida confianza en tu suerte, lo dejas en casa, tu ciudad compartirá el destino de la Atlántida.
Yo añado el siguiente corolario:
"Si coges el dichoso paraguas, no sólo no lloverá sino que lo olvidarás en una esquina del bar o restaurante al que vayas. Posteriormente, una sutil llovizna te lo recuerdará y deberás desandar un par de kilómetros de mojadas calles madrileñas para recuperarlo."
Tan seguro estoy de la verdad de este aserto como si la situación descrita me hubiera pasado anoche.
viernes, mayo 05, 2006
De la consistencia del análisis estadístico
¿Han oído alguna vez ese refrán que afirma que Dios los cría y ellos se juntan? Pues es cierto. Yo soy un tipo raro dado a extrañísimas masturbaciones mentales. Mis amigos, los dos o tres que me quedan, también. El otro día, uno de ellos batió todas las marcas.
Presentémoslo. Le llamaré Fleischmann, pues se parece vagamente al protagonista de "Doctor en Alaska". Fuimos compañeros de carrera y siempre hemos congeniado bastante bien. Después, encontró trabajo en una plantación de esclavos y se ligó a una exuberante moza valenciana que le saca media cabeza y unos diez centímetros de pata. Ambos hechos han motivado que últimamente sea bastante difícil saber de él.
Sin embargo, el otro día me llamó. Iluso de mí, pensé que desearía informarme de sus andanzas más recientes. Pero no. La conversación fue tal que así:
- Hombre Achab, tengo algo importante que contarte.
- Cuenta, cuenta. (¿Habrá descambiado a la valenciana por una llama andina?)
- ¿Te acuerdas de los exámenes de estadística de la carrera?
- Bueno, sí. ¿Qué pasa con ellos?
- ¡Que no son estadísticamente consistentes! El profesor selecciona las preguntas según sus prejuicios personales y no mediante un procedimiento aleatorio estandarizado.
- ¿Algo más?
- No, nada.
Tal nivel de delirio vespertino me preocupó considerablemnete. Decidí llamar a otro compañero de carrera para comentarle la jugada.
- Hola, J.L.
- Hombre, Achab, ¿qué te cuentas?
- Pues verás, me ha llamado Fleischmann y...
- ¿Te ha contado lo del muestreo? Anda que no tiene razón.
Definitivo, compro amigos cuerdos. Precios negociables.
jueves, mayo 04, 2006
El juicio de Zacarías

Ayer, en Nueva York, condenaron a cadena perpetua al tipo de la foto, Zacarías Moussaoui, por su participación en los atentados de las Torres Gemelas. Pero el protagonista de este post no es el tal Zacarías sino su abogado defensor. Se lo crean o no esta sentencia ha sido un triunfo para él. Un triunfo muy merecido, añado yo.
Cuando comenzó el juicio, el abogado trató de convencer al jurado de la inocencia de su defendido. Cuestionó las pruebas presentadas, contrargumentó los alegatos del fiscal y se defendió como mejor pudo hasta que Zacarías pidió la palabra.
El bueno de Zacarías aprovechó que el juez accedió a su petición para informar a los concurrentes de que su abogado estaba en un error. Afirmó haber participado en la preparación de los atentados y aseveró lamentar profundamente no haber podido participar en la ejecución ya que disfrutaba enormemente con la muerte de cualquier americano.
El pobre abogado tuvo que cambiar su alegato. Visto que su defendido no cooperaba mucho a ser declarado inocente, decidió argumentar que el señor Moussaoui estaba como una regadera. Sin embargo, el angelito volvió a pedir la palabra.
En esta ocasión comunicó que estaba perfectamente cuerdo, que su abogado no le representaba, que odiaba a todos los presentes y que les deseaba una muerte lenta y dolorosa que desearía compartieran con sus familiares, amigos y mascotas.
Cualquier otro abogado se hubiera hecho el hara-kiri con la estilográfica. Pero éste era un hombre de recursos y aprovechó su discurso final para darle un nuevo enfoque a la defensa. Erguido frente a los jurados, les contó más o menos lo siguiente:
- Mi defendido es un asesino. Está perfectamente cuerdo y nos odia. A todos. Es tal vez el peor ser humano que anda por el planeta. Por eso les pido que no accedan a la petición del fiscal y lo condenen a muerte. No merece tan buen trato. Merece una larga vida de sufrimiento y dolor en una prisión de máxima seguridad.
Se lo crean o no, el jurado ha hecho caso al avispado defensor. Lo que les decía: un héroe del turno de oficio.
miércoles, mayo 03, 2006
Gemelos funcionales
Es frecuente que adultos malintencionados pregunten a los niños pequeños:
- ¿Tú a quién quieres más? ¿A papá o a mamá?
Afortunadamente, al no incluir más opciones en la malhadada pregunta, podía responder con el esperado "a los dos" sin faltar a mi, por entonces, quisquillosa conciencia. Si me hubieran dejado el campo libre, hubiera respondido:
- A mi hermanito Starbuck.
Starbuck se pasó la infancia peleándose conmigo, fastidiándome e incordiándome de todas las maneras que su creativa mente le sugería. Pese a ello, o tal vez por ello, yo siempre he adorado y admirado a mi hermano mayor. Algo debe de haber de recíproco en ello, pues siempre hemos obrado como gemelos funcionales, ignorando el año y medio que nos separa. Hubo incluso un tiempo en que la gente nos confundía; inconveniente que solucioné creciendo desaforadamente y sacándole una cabeza.
Los hermanos gemelos, los de verdad, son seres sorprendentes. Hay quien sostiene que a veces piensan lo mismo simultáneamente, que, en ocasiones, sienten cuándo el otro sufre una desgracia o una fuerte alegría, que se enamoran de mujeres parecidas y se afilian a la vez y sin consultarse al club de filatélicos de Nuevo Toledo, Ohio.
Los gemelos funcionales no padecemos tales singularidades. De este modo, Starbuck y yo, todavía podemos ocultarnos nuestras actividades y sentimientos y así engañarnos recíprocamente como a chinos mandarines.
De hecho, mi hermanito ha conseguido ocultarme durante meses los preparativos de su boda (con Lady Starbuck, claro está). Todo para darse el gustazo de decirlo de sopetón, con fecha fija y banquete apalabrado.
No sé si alegrarme por él (que me alegro) o entristecerme porque se vaya de casa (que me entristezco). Lo que si sé es que el día de la ceremonia voy a tener una reacción alérgica terrible a los gamusinos migratorios del Japón que me obligará a llorar a moco tendido.
Pero será por los dichosos gamusinos, que un hombre de verdad no llora en la boda de su hermano; por mucho que lo quiera.
lunes, mayo 01, 2006
Testamentos
Cuando mi madre se va de viaje y deja la casa a mi cuidado invariablemente pregunta: ¿dejo un testamento?
No se trata de lo que ustedes creen. Mi madre no teme morir en alguna desgraciada colisión. Está demasiado segura de que sobrevivirá lo suficiente como para que sus hijos la abandonen en un asilo siniestro -cosá que no ocurrirá, piense lo que piense. Los mencionados testamentos son unas largas anotaciones que deja pegadas en la puerta del frigorífico. Si tiene el día locuaz, detallará las viandas que hay en el frigorífico, el orden en que deben ser ingeridas, los lugares donde se pueden comprar alimentos complementarios, las obligaciones de higiene básicas que debo cumplir y mil y un detalles que sólo la mente de una madre puede prever.
La verdad, no entiendo tal desconfianza. Nunca he roto nada mayor que una cama (defecto de fábrica) ni he dejado de fregar más de 6 días seguidos...
- Achab, ¿quieres que te deje un testamento?
- Detallado, mamá, muy detallado.
