viernes, diciembre 08, 2006

De roedores parlanchines y otras anomalías


Mi madre, por eso de combatir el síndrome del nido vacío y poder ejercer un poco más de progenitora aunque sea por sustitución ha decidido llevar a su sobrinito al cine. En consideración a los gustos de la criatura ha optado por sacar entradas para una película de animación protagonizada por ratones.

Mi abuela, que andaba por mi casa celebrando su santo, tras informarse de las intenciones de su hija ha sentenciado:

- Ratones que hablan... "Amos", qué ganas.

Yo siempre había sospechado que había algo potencialmente blasfemo e inmoral en Mickey Mouse, pero pensaba que era por esos pantalones espantosos que se gasta y su nunca aclarada relación con un pato semidesnudo y un perro tres veces más grande que él.

De todos modos, espero que no llegue a oídos de mi querida abuela que en la película que van a ver sus retoños aparecen también babosas con dientes que cantan rythm & blues. Lo mismo les obliga a verse siete veces "Fray Escoba" como expiación.

jueves, diciembre 07, 2006

Peligros de aprender idiomas

Parece ser que en la nueva reforma de la Educación Primaria se van a a aumentar las horas dedicadas al aprendizaje de idiomas extranjeros. Debe ser que las delirantes experiencias poliglósicas de nuestros dos últimos presidentes han llevado a nuestros gobernantes a meditar sobre lo difícil que resulta comunicarse mediante señas por esos mundos de Dios. Lo malo es que, para hacerle hueco a esos aprendizajes, se ha podado el tiempo que le correspondía a la lengua y literatura españolas. Total, han debido pensar, el castellano lo van a emplear para escribir mensajes de móvil y casi toda la literatura chula ya ha salido en DVD.

Pero esa es otra historia. Aquí, por tocar los testes un poco, de lo que voy a hablar es de los riesgos de aprender idiomas, que se lo crean o no existen. Sin ir más lejos, andaba yo el otro día de cenita sustanciosa cuando di en pedir la carta de postres y así redondear la parranda con la correspondiente sobredosis de chocolate y azúcar. El camarero, por un descuido, me dio la carta en inglés que reservan para los turistas y yo, que estaba más hambriento que avispado ni me percaté. Entiéndanme, no es que uno lleve su humilde poliglosia a los límites del general Gallieni, que pese a ser francés escribió sus memorias bajo el improbable y multicultural título de Erinnerungen of my life di ragazzo, pero en inglés me defiendo decentemente. Parte del mérito es de mis padres, que me apuntaron a clases extraescolares de inglés cuando el castellano aún lo tenía a medias. La otra parte coresponde a mi manía persecutoria contra los traductores, la cual ha hecho que leer en dicha lengua no me sea un acto en absoluto extraño.

Pues bien, tras un rápido vistazo a la carta, mi gula hizo la elección por mí. Llamé al camarero y empecé a pedirle el postre, pero, para mi consternación, éste no apuntaba nada en su libreta. Yo le repetí mi solicitud por ver si así enmendaba su desidia, pero su cara de pasmo me hizo, de pronto, caer en la absurda realidad: le estaba pidiendo que me trajera un trozo de tarta de queso con mermelada de limón y helado de vainilla con cubierta de chocolate caliente sirviéndome del idioma de Shakespeare, la glotonería de Falstaff y el acento de mi pueblo.

Lo que comentaba ante, si mis padres me hubieran apuntado a clases de judo esto no hubiera pasado. Claro, que para ver la tercera temporada de Lost tendría que esperar a que la estrenaran en TVE, de tres en tres capítulos y a horas descabelladas y, ¡qué demonios! por ahí si que no paso.

miércoles, diciembre 06, 2006

De profesión sus banderas

El señor Joan Puigcercós es un tipo un tanto paradójico. Teniendo en cuenta que en sus años mozos fue miembro de la banda terrorista "Terra Lliure" y que en la actualidad es quien corta el bacalao en un partido político de ultraizquierda catalanista queda medio raro que vista siempre con atildada elegancia y que sea un conocido entusiasta de los locales de ocio más pijines y postineros de la opresora e imperialista ciudad de Madrid. Pero como el hombre, al margen de pasados cafres y presentes estultos, es bastante simpático, casi nadie se lo tiene en cuenta.

Ahora, don Joan se ha conseguido un puesto de consejero en la Generalidad catalana, que no es mal trabajo pero queda un poco lejos de sus locales de esparcimiento favoritos, y, claro, como tiene un exceso de tiempo libre se dedica a jugar con las banderas.

Resulta que, nada más llegar al cargo, el muchachito mandó arriar la enseña nacional -ya que se ponía también la europea- y dejar ondeando en exclusiva la bandera catalana. Se conoce que, como los colores están repetidos, así destacaba más contra el cielo. Sus superiores, sin embargo, no apreciaron este imperativo estético y le conminaron a restituir la igualdad entre las banderas. Llegados a este punto, don Joan, que sufre en lo más hondo cuando se iza la rojigualda prefirió arriar la tetrabarrada y dejar los mástiles desnuditos y tiritando. Los superiores de turno, mira que son poco comprensivos, le dijeron que se dejara de tontadas y restituyera las banderas a su lugar.

¿Pensaban que don Joan se rendiría? ¡Quia! Menudo es. Desde esta mañana, en su consejería ondean dos banderas: la catalana de don Wifredo y esta otra:



Y esta no es la bandera española, mis queridos lectores, que la nuestra lleva un escudo en el centro. Esta es una enseña naval de hace dos siglos: la Bandera de Proa, Tajamar o Torrotito de 1785.

¡Las cosas que tiene que hacer un buen nacionalista para poder irse a dormir sin cargos de conciencia!

martes, diciembre 05, 2006

La mascota

El gobierno vasco invierte todos los años una buena porción de euros en promocionar la lengua vernácula del lugar, pero como se conoce que no tenían el éxito deseado y la gente no se lanzaba en tromba a declamar los versos de Iparagirre decidieron que había que dinamizar la campaña con una mascota simpaticota que animara a la gente a chamullar el eusquera. De modo que le largaron unos cuantos euros a un diseñador para que les proveyera de un monigote alegre, saleroso, eusquérico y locuaz.

Sospecho que el dibujante, enajenado por su súbita e inesperada abundancia económica, empleó el dinero en visitar todos los lupanares localizados entre Irún y Castro Urdiales, beberse la producción de txacolí del último decenio, comprar cantidades masivas de psicotrópicos y sazonar con ellos el bacalao al pil-pil. La noche que vencía el plazo, las pocas neuronas que sobrevivieron al régimen antedicho se organizaron para cumplir el encargo. Fue un trabajo duro (en tal situación, atarse los zapatos ya lo hubiera sido) pero mereció la pena. El sol naciente saludó con sus encendidos oros a Ukan, el virus de la convivencia lingüística.



Ya sé que las mascotas no son juguetes, que entrañan una responsabilidad y que abandonarlas es un acto cruel, vil e irresponsable. Pero, por el amor de Dios, hagan con esta una excepción y arrójenla maniatada a las vías del expreso de Irún o, convenientemente lastrada, al fondo de la ría de Bilbao. El eusquera sobrevivió a la romanización, al aislamiento, al contacto con dos lenguas vecinas y pujantes, a la fragmentación y a la politización, pero dudo mucho que le queden fuerzas para sobrevivir a la promoción que del mismo haga semejante engendro.

Que los vascos serán tipos recios y curados de espantos, pero todo tiene su límite. Un paisano cualquiera se topa al tal Ukan conminándole a hablar en vasco en una calle oscura de Arrasate, Marquina o Portugalete y si no le da un jamacuco in situ no para de correr entre alaridos hasta llegar a Burgos.

Eso sí, con un poco de suerte, los gritos los daría en vasco del bueno.

lunes, diciembre 04, 2006

De los modos alternativos de ser un friqui

Cuando Starbuck y yo éramos pequeños, nuestro padre nos regaló sendos libritos. El de mi hermano era un manual de astronomía para niños, el mío era su equivalente en mitología grecolatina. Ambos fueron leídos y releídos con auténtica devoción, lo que sin duda condicionó el devenir de nuestro futuro friquismo. Lo explicaré con un ejemplo.

Cuando Starbuck se compró su pisito mi madre comentó que el nombre de la calle era muy raro y difícil de recordar. Mi hermano, ligeramente ofendido, comentó:

- No, qué va, es muy sencillo: es el nombre del tercer satélite de Neptuno en orden de tamaño.

Lo mires por donde lo mires la respuesta es de un friqui subido, pero yo soy el menos indicado para decirlo. A fin de cuentas, yo recuerdo el nombre de su calle por ser el que se da a "cada una de las deidades marinas hijas de Nereo, de entre las cuales la más famosa es Galatea."

domingo, diciembre 03, 2006

A preguntas tontas, respuestas evidentes

Como ya se me ha pasado el ánimo plañidero voy a largarles una de esas conversaciones besuguiles que, de vez en cuanto, hacen aparición por aquí. Iba ayer de camino al cine, cuando mi rizadilla interlocutora habitual exclamó:

- Anda, mira, si venden áticos.

- ¿Dónde?

- Arriba.

Me está bien empleado por preguntar lo evidente.

viernes, diciembre 01, 2006

Escorpiones y capitanes


Existe una leyenda popular que afirma que, si un escorpión se ve rodeado por el fuego, se suicidará clavándose su propio aguijón. Si se desplazan a un lugar lo suficientemente recóndito y preguntan a los lugareños, más de uno afirmará haberlo visto con sus propios ojos. Es más, admitirá haber preparado el círculo de fuego con la gasolina de su propio mechero. Está visto: cuando el diablo no tiene qué hacer con el rabo mata artrópodos.

La leyenda, sin embargo, es por completo falsa: el escorpión es inmune a su propio veneno. La naturaleza, más que sabia es práctica y nunca permitiría que el pobre bicho se envenenara al ingerir sus propias y emponzoñadas presas. Si el animalejo muere en medio del círculo ígneo es por su incapacidad para soportar la elevadísima temperatura. Fueron sus agónicos espasmos los que motivaron que se le atribuyeran intenciones autolesivas.

Pues bien, todo el virtuosismo que la naturaleza puso en diseñar al escorpión la omitió en mi manufactura. Porque, del modo más inconsistente, manifiesto, al tiempo, una ponzoñosa lengua viperina y una total incapacidad de herir a nadie sin sentirme como un canallesco felón cruel y miserable. La madre natura no había estado tan torpe desde que se fue de vacaciones sin dejarle comida a sus dinosaurios.

Conocedor de esta singularidad, intento siempre disparar por elevación y evitar de este modo herir a algún pacífico viandante. De ahí la profusión de chistes sobre estrategas chinos, traductores anónimos, franceses difuntos, vikingos polvorientos y políticos incompetentes: el que no esta muerto, es desconocido o cobra para que le arreen. Mecanismo de defensa psicológica se llama la figura.

Sin embargo, a veces calibro mal y alguien se lleva un injusto cañonazo. Sí, lo acabo de hacer, no me pidan detalles. Lo peor de todo es que las víctimas suelen ser gentes a las que aprecio mucho. Supongo que, de lo contrario, no andarían tan cerca del cañón.

Por eso, envío este mensaje a todos los perjudicados:

Lo siento mucho. De verdad.