Mi madre sostiene que el portero de nuestro edificio está perdiendo progresivamente la razón. Es una afirmación que yo discuto, pues es difícil perder lo que nunca se tuvo. Pero mi madre mantiene su postura y aduce buenos ejemplos. El otro día, por ejemplo, mantuvo con él la extraña conversación siguiente:
- Ahora su hijo corre, ¿verdad?
- Sí.
- Lo ha debido aprender de mí.
Mi madre mira al portero, chaparrete y redondo como un balón de playa, sopesa y descarta la posibilidad de contarle que yo ya correteaba con notoria competencia antes de aprender a atarme los zapatos y opta, en cambio, por preguntarle incrédula:
- ¡Ah! ¿Usted corre?
- No, yo ando. Pero, a veces, uso chándal.
Espero que ese "a veces" no implique que otras lo hace en porretas. Dudo mucho que el mundo esté preparado para verlo porque, yo, desde luego, no lo estoy.
martes, octubre 31, 2006
Portero deportista
lunes, octubre 30, 2006
Achab contra los traductores (III)

Estaba el otro día ojeando libros cuando encontré un volumen titulado "Los amores de Nikolai", firmado por Marina Lewycka. Lo primero que pensé fue: "Anda, ¿la Lewycka ha escrito una nueva novela?" Después me fijé en la portada, ilustrada con la fotografía de un tractor y en mi mente brotó una sospecha: "No me fastidies que "A short history of tractors in ukrainian" se ha publicado en España con semejante título." Pues fastidiado quedo, porque lo han hecho.
Ya me puedo imaginar el diálogo en la editorial.
- Jefe, por fin hemos adquirido los derechos de la novela ganadora del Bollinger Everyman Wodehouse Prize del 2005 y finalista del Orange. Un éxito de campanillas en Inglaterra, un bombazo seguro.
- Muy bien, Peláez, ¿cómo se titula?
- "Una breve historia de los tractores, en ucraniano"
- ¡Recontracarajo! ¿De qué demonios va eso?
- Pues de un vejete ucraniano emigrado a Inglaterra, un tal Nikolai, que después de ganar una pasta se deja engatusar por una lagartona que lo despluma.
- ¿Con un tractor?
- No, más bien, no.
- Pues entonces lo retitulamos "Los amores de Nikolai" y a escardar cebollas que, si no, la gente se confunde. Además, los tractores son algo completamente demodé. ¿Algo más, Peláez?
- Pues estaba pensando, que en la colección de clásicos podríamos reeditar "El Rojo y el Negro" de Stendhal que siempre se vende bien.
- Magnífico, Peláez. Pero me lo va a sacar como "Los amores estrictamente heterosexuales de Julien Sorel", no vaya a pensar el público que es una historia de apasionado amor homosexual entre un comunista y un etíope y luego se decepcionen, como me pasó a mí.
sábado, octubre 28, 2006
Ocio alcarreño
Yo pensaba que los programas de televisión eran más o menos los mismos en todo el territorio nacional. Debe ser que no: tengo el profundo convencimiento de que, en algunos rincones del país, sólo se emiten documentales sobre las inquietudes metafísicas del mejillón del Cantábrico y regatas de vela en el Mar de los Sargazos.
He llegado a esta conclusión tras asistir, ayer, a una boda en un pueblo de la Guadalajara profunda. Conforme los invitados entrábamos en la iglesia, la práctica totalidad del pueblo fue tomando asiento en unas escaleras que, a modo de graderío, se enfrentaban a la misma. Me reconocerán que la programación de la tele debía ser horrible si ése era el mejor programa de ocio disponible para la tarde-noche de un viernes.
Pero, si a la entrada el paisanaje había afluído con profusión, a la salida el lleno era de final de la Recontracopa del Mundo y Parte del Extranjero. Cuando salieron los novios hubo incluso un amago de ola.
Así desde fuera parece hasta entretenido, pero allí, si me apuran, tenía un deje entre inquietante y siniestro. Como los pájaros de Hitchcock, pero con boina.
viernes, octubre 27, 2006
Ejercicio
Dado que últimamente me persigue la sospecha de que en esta gran farsa cósmico-cómica en que actuamos todos me ha tocado un papel mudo de portador de lanza (primer acto: portar lanza; segundo acto: portar lanza; tercer acto: portar lanza también) he decidido corretear un poco por calles y parques después de estudiar. A ver si obrando así, con el sudor expulso, además de toxinas, la frustración y el sarcasmo que acumulo en mis largas jornadas de recitación legal y, de paso, me abstengo de rociar con vitriolo todo lo que me rodea mientras quede alguien que aún me dirija la palabra.
Pues bien, en cumplimiento de mi resolución trotaba ayer a buen ritmo por las calles del barrio cuando el perrito faldero de una señora se lanzó, con manifiesto ánimo suicida contra mis piernas. Yo estaba muy abstraído, no sólo por mi trote sino también porque el i-pod me estaba regalando los oídos con una de mis canciones favoritas. El caso es que reaccioné a tiempo de evitar atropellar al cánido, pero la maniobra de emergencia acabó con mis posaderas en el suelo. Yo miré a la señora con mi mejor cara de "¡Señora, póngale correa a su rata!" Pero la buena mujer, inconsciente de los ánimos autodestructivos de su mascota, me retribuyó con un escueto "¡Idiota!".
¿Qué quieren que les diga? La escena me pareció tan chusca que me entró la risa floja, con lo que, de paso, confirmé el diagnóstico de idiocia. Pero no hay mal que por bien no venga: ya sea por el ejercicio, por mi patanería o por la surreal bronca subsiguiente, me he reconciliado con el papel de portador de lanza. Cierto que yo le tenía echado el ojo al de "atractivo bandido napolitano seductor de rubias doncellas", pero este tampoco está tan mal. Quieras que no, que las lanzas se mantengan firmes debe tener su importancia para el desarrollo dramático de la obra o el papel no existiría. Además, si localizo al guionista y le apoyo la lanza en las costillas lo mismo le convenzo para que al final del acto tercero, las rubias doncellas esas dejen plantado al villano y se vayan de parranda con el lancero, que es más callado y no da tantos problemas.
PD: Estoy pensando que, teniendo en cuenta que la canción de marras va de un tipo obnubilado por una mala mujer de la que, en buena razón, debería alejarse un mínimo de 10.000 millas náuticas y que éste es, en cierto modo el tema de tres o cuatro de mis novelas favoritas lo mismo va a resultar que las malas lenguas tienen razón y soy un romántico solapado e inconfeso. Lo que me faltaba para completar el cuadro. En cualquier caso, para su información se lo cuento.
jueves, octubre 26, 2006
Coctelería para plantígrados
Entre los etílicos bamboleos televisados que Boris Yeltsin prodigaba en sus buenos tiempos y las crónicas del soldado fanfarrón yo había acabado por concluir que, en Rusia, sólo permanecía sobria la fauna y la flora. Pues bien parece que ya ni eso.
Según se rumorea, Su Majestad, es decir, la nuestra, gusta de la caza mayor. Normal: un borbón de dos metros apiolando un conejo de tres palmos quedaría demasiado ridículo. Como por estas tierras celtibéricas casi todos los bichos grandes y peludos los cazamos y devoramos cuando la capital estaba en Atapuerca, el monarca los abate en el extranjero, que hay más remanente. Parece ser, pues, que hace unos meses ciertas autoridades provinciales rusas le organizaron una apasionante cacería de plantígrados.
Primer problema, los osos no son de fiar y no siempre colaboran como es debido al noble y vistoso acto de dejarse matar a tiros. Se conoce que no es cosa que apetezca siempre. Por ello es aconsejable encontrar un oso de confianza que esté dispuesto a cumplir su parte del contrato. Los organizadores encontraron un bonito y colaborador ejemplar llamado Mitrofán.
Este era, precisamente, el segundo problema: Mitrofán era demasiado colaborador. Años de trabajo como mascota le habían colocado más próximo a los osos amorosos que al oso que mató a Favila. Si hubieran presentado a Mitrofán en su estado habitual, lo menos que podía haber pasado es que se pusiera a hacer juegos malabares subido a un monociclo; lo que será muy vistoso, pero resta notable mérito al abatimiento de la bestia.
Los rusos, pueblo ingenioso donde los haya, tenían una solución. Bueno, tenían una solución, un cubo de miel y varias botellas de vodka, cuya conveniente administración quitó a Mitrofán las ganas de hacer el oso, nunca peor dicho. De este modo, el Rey (en mayúscula) pudo aliviar su pulsión cinegética sin sospechas de haber sido timado, los anfitriones quedaron como reyes (estos en minúscula) y Mitrofán perdió todos los puntos del carnet de conducir de camino al cielo de los osos.
Menos mal que estas aventuras cazadoras las emprende el Rey en la Rusia del siglo XXI, que si lo llega a intentar en la URSS del XX lo mismo le sueltan a un trostkista con abrigo de peluche, que dicho sea de paso, quedan muy monos disecados junto a la chimenea.
miércoles, octubre 25, 2006
Treguas permanentes, blindadas con freno y marcha atrás

Al comienzo de "Las alegres comadres de Windsor", uno de los personajes, Shallow, increpa a Falstaff por los desmanes cometidos contra su propiedad, la paliza que le ha dado a sus criados y los ciervos que le ha robado y matado. El orondo rufián, sin inmutarse, le contesta que al menos no ha besado a la hija del guarda. Vamos, que no se ponga tan quisquilloso que, para lo que es él ha estado de lo más comedido.
El tal Shallow, lejos de contentarse con tan buenas y razonables palabras demanda que alguien responda de tales hechos. Falstaff zanja la cuestión con la intervención más memorable de toda la obra:
-"Yo responderé de ello: lo hice yo. Respondido queda". ("I will answer it straight; I have done all this. That is now answered.")
¿Pues saben qué? Conforme avanza la negociación con ETA más me acuerdo de Falstaff. ¿Que los terroristas siguen extorsionando a los empresarios? Tranquilos todos, que ahora piden la pasta con más educación. ¿Que le arriman candela a los autobuses de línea? Tranquilos todos, que ahora se esperan a que la gente baje de ellos. ¿Que, como antesdeayer, secuestran a una mujer y a su hijo y los abandonan maniatados en el bosque mientras roban trescientas pistolas de la fábrica familiar? Tranquilos también, que por lo menos no las han usado.
¿Me puede alguien explicar qué crimen tienen que cometer los cafres del pasamontañas para que nos levantemos de la mesa y los dejamos en compañía de su propia cerrilidad? ¿Besar a la hija del guarda, tal vez?
martes, octubre 24, 2006
Maniquíes y escaparates

Ayer, después de cumplir mi rito cantarín semanal decidí darme una vuelta por el barrio. Comoquiera que tras pasar la semana en régimen monástico se agradece la cercanía de otros humanos no me faltó buena compañía para deambular un rato. Tiene su mérito, porque andar conmigo viene a ser equivalente a sacar de paseo a un cachorro de fox terrier colocado con anfetaminas: me paro delante de todos los escaparates, carteles y anuncios; todo lo miro, todo lo inspecciono y todo lo quiero saber. Menos mal que, de momento, no me ha dado por olisquearle las posaderas al resto de viandantes ni siento necesidades de marcar el territorio a feromona limpia.
En fin, después de curiosear cuatro o cinco boutiques de carísima ropa femenina, único tipo de establecimiento que allí proliferaba, mi acompañante consideró oportuno realizar un comentario:
- Es curioso: eres el primer hombre que mira las tiendas de moda femenina con más atención que yo.
Ignoro si era una inocente observación o la damisela en cuestión empezaba a cuestionarse mi identidad sexual. Si era esto último, la injusticia era notoria: me hubiera parado igual delante de una ferretería, una zapatería o una tienda de forjados artesanos en aluminio lacado. Fuera lo que fuere, mi cerebro reptil, que es muy sensible en estas materias, decidió que la cosa no podía quedar así, y que debía proferir la primera boutade semingeniosa y exculpatoria que se me ocurriera:
- No te engañes, señorita. Si miro las tiendas de ropa para mujeres no es porque me interese la ropa sino porque me gustan las mujeres.
La consecuencia de semejante estupidez es bien lógica. Mucho me temo que ahora haya una señorita convencida de que me van los maniquíes de plástico a tamaño natural.
