
La seguridad laboral es un asunto peliagudo. Por muchas medidas que se tomen para evitarlo siempre habrá una manera más rápida, cómoda, cafre y peligrosa de hacer las cosas. Como encima el trabajador cobre a destajo (y esa es la norma en la construcción) podéis dar por seguro que las seguridad se limitará a la intervención se Santa Rita y el capote de San Fermín.
La siguiente historia me la contó un amigo aparejador. Estaba él encaramado a una viga, con su casco, su arnés, sus sujeciones, anclajes y demás elementos de seguridad cuando algo llamó su atención. Hacía él, desde el otro lado de la misma venía corriendo uno de los obreros contratados para la construcción del edificio. El individuo, de innegable origen africano, no parecía demasiado afectado por los treinta metros de caída que se podían medir hasta el suelo. Cuando llegó a la altura de mi amigo sacó medio cuerpo fuera de la viga y con un ágil escorzo que hubiera sido la envidia de Tarzán y la desesperación de la mona Chita sobrepasó la posición del patidifuso aparejador.
Mi amigo se dio la vuelta para decirle algo. A fin de cuentas, si al trapecista nubio no le hubiera salido el número, lo hubieran tenido que recomponer con paciencia, cariño y superglú. El obrero, sin embargo, no debía estar muy de acuerdo con la eficacia de los arneses, pues, antes de ser apercibido, giró la cabeza y comentó:
- ¡Tener mucho cuidado usted! ¡Poder caer!
Supongo que él no corría peligro. A él le protegería el dios de su tribu. Si no, no se explica. Tengo que averiguar si existe alguna remota aldea del África Negra donde tengan por tótem un monigote de simulación de accidentes y no haya más remedio que hacer piruetas semisuicidas para conseguir que crezca el sorgo y no te muerdan los leones en la rabadilla.
Debe de ser así. De lo contrario, ¿para qué iba este caballero a andar poniendo ladrillos por cuatro perras pudiendo hacerse de oro con el "Circo del Sol"?
jueves, noviembre 30, 2006
Del Circo Obrero del Sol
miércoles, noviembre 29, 2006
Fashion victims
Ya que ayer me puse a dar la tabarra con Sun Tzu y se me abrió el apetito por la historia militar voy a contarles una bella historia con moraleja. Como la historia versa sobre moda no podía menos que ocurrir en Francia.
En los siglos XVIII y XIX, cuando los fusiles de infantería eran poco más que escopetas de feria con bayoneta añadida, si querías hacer algo de daño al enemigo poco menos que tenías que dispararle debajo de las narices. En esas condiciones, pasar desapercibido no tenía demasiada importancia. Si para entonces el enemigo no te había echado el ojo era porque estabas matando a los topos del jardín. Por ello, era mucho más practico vestir de colores vivos: de ese modo, el napoleón de turno podía identificar a las tropas con el catalejo y dar las órdenes pertinentes sin hacerse un lío:
- Monsieur ayuda de cámara, ¿quienes son esos de los pantalones rosas, las casacas verdes y los correajes amarillo limón?
- Son los tiradores del regimiento de su excelencia el duque de Otrotanto para el Mus.
- ¿Pero esos no iban de azul, con pantalones morados y gorro rojo?
- No señor, esos son los payasos que contrató para el cumpleaños de su sobrina.
Pues eso. Pero resulta que los tiempos cambiaron, la industria armamentística progresó y los fusiles empezaron a disparar realmente lejos. Dándose cuenta de lo conveniente que empezaba a ser pasar desapercibidos, los ejércitos empezaron a cambiar sus uniformes: los ingleses se pasaron al caqui, los prusianos al gris, los rusos a un color blanquecino indefinible... Los franceses no. Los franceses, por eso del chic, estrenaron la Primera Guerra Mundial con pantalones rojos, abrigo azul y correajes blancos.
Messiny, ministro francés de la guerra, había insinuado unos años antes la conveniencia de no ir al frente vestidos como el payaso de Micolor. Pero nada, no sólo no le hicieron ni caso sino que por poco le ponen roja la cara a él. Le pantalon rouge c'est la France! le dijeron y la proposición se desechó.
Sin embargo, cuando la mañana del 21 de agosto de 1914, las mejores tropas del ejercito francés cargaron entre la niebla para desalojar de las Ardenas a las soldados alemanes que las ocupaban averiguaron, para su pesar, que no hay blanco más sencillo para un tirador emboscado que una mancha de vivo carmín destacando como un semáforo en medio de la nada.
Diez días más tarde, los alemanes estaban a las puertas de París, los franceses vestían con discreción y los pantalones rojos pasaron a la historia de la sastrería militar.
Si unos pantalones te sientan de muerte, recuerda que eso debería ser una metáfora.
martes, noviembre 28, 2006
Manual de autoayuda para invadir al Reino de Chu
Hace unos pocos días la señorita hámster feliz se ganó el derecho de elegir tema para una entrada de esta bitácora. Haciendo gala de encomiable buena fe y falta de malicia optó por hacerme hablar de Sun Tzu y su vetusto opúsculo "El Arte de la Guerra". Benditos sean los roedores que tan sabios temas eligen, sea próspera su descendencia y recuérdese su nombre por todo el país de Han.
-ooOoo-
Hace unos 2500 años, puede que menos o puede que más, un tal Sun Tzu o alguien que firmaba como tal (en Oriente era éste un detalle de poca importancia) escribió un breve opúsculo de teoría militar llamado "El Arte de la Guerra". El librito fue un éxito y continuó siéndolo durante milenios, lo cual no deja de ser curioso dado el poco aprecio que los chinos clásicos tenían por la milicia, a la que siempre consideraron una actividad sucia, molesta y de segundo orden. Este escaso aprecio se explica fácilmente si uno piensa que batallas y fronteras solían quedar muy a trasmano del poder real. Si lo que querías era tocar mando era más práctico castrarse y buscarse empleo de eunuco en la corte Imperial. Más práctico pero un tanto incómodo, dicho sea de paso.
Pero , volviendo al librito, en tiempos del señor Sun, los ejércitos eran poco más que una banda de infantes con lanza y armadura ligera que no prestaban demasiados problemas logísticos a la hora de alimentarlos, acantonarlos o moverlos de un lado a otro. Por ello, el librito rehúye los aspectos más técnicos de la guerra y acaba aproximándose más a un tratado sobre el sentido común que a un manual para la práctica bélica. Así, te advierte una y otra vez que pienses antes de actuar, que controles la información y el entorno y, sobre todo, que nunca olvides que lo que te salvó una vez puede condenarte la siguiente. Supongo que por eso les gusta tanto a los escritores de marketing, gestión y autoayuda: por lo general uno no tiene necesidad de invadir el reino de Chu con un pelotón de lanceros, pero un poco de sentido común nunca está de más.
No obstante, si esa es la gran virtud del libro, mucho me temo que también sea su mayor lastre. Las disquisiciones sobre el sentido común y el modo sabio de obrar me recuerdan mucho a los manuales de pintura para aficionados: muy útiles e informativos... siempre que ya supieras pintar antes de leerlos.
De todos modos, si alguno de ustedes está en posesión de las virtudes del buen general (conocimiento, credibilidad, humanidad, resolución y severidad) no debiera dejar de echarle un vistazo al libro: no está de más refrescar la memoria de vez en cuando. Además, quién sabe, tal vez haya que invadir el Reino de Chu, después de todo.
-ooOoo-
lunes, noviembre 27, 2006
Espías
Ahora que, según parece, los servicios secretos rusos se dedican a jubilar a sus antiguos agentes dándoles literalmente el té -con azúcar, leche y polonio- voy a contarles una bonita historia de los buenos y felices viejos tiempos del KGB stalinista.
La anécdota, extraída de las amenas pero poco fiables memorias de Franz von Papen acontece en Turquía, donde aquel caballero prusiano era embajador en lo más calentito de la Segunda Guerra Mundial. Parece ser que los agentes soviéticos destacados en el lugar, temiendo que los esfuerzos de don Franz pudieran incorporar Turquía al Eje decidieron darle matarile. Para ello contrataron a un delincuente habitual y agitador de poca monta al que suministraron una pistola con silenciador y una "bomba de humo". Conforme le explicaron, después de apiolar al diplomático debía arrojar la bomba a sus pies, provocar así la confusión y quitarse de enmedio a la mayor brevedad.
El problema fue que el asesino resultó ser hombre meditabundo, cogitante y especulativo. Tras darle unas cuantas vueltas al asunto en su cabeza concluyó:
- ¡Vaya tontería de instrucciones! Lo suyo es tirar la bomba de humo primero y matar al embajador acto seguido, en medio del barullo.
Razón no le hubiera faltado si lo que le dieron los rusos hubiera sido una bomba de humo de verdad. Pero éstos no tenían ninguna intención de que el subcontratado sobreviviera al atentado y pudiera contar quién le había pagado, de modo que le largaron una bomba, no de humo, sino de mano.
El resto se lo pueden imaginar. El facineroso se acercó al embajador, se arrojó el artefacto a los pies y quedó instantáneamente convertido en confetti de espía. Don Franz, que tenía el día afortunado, escapó con leves quemaduras y algunos moratones. Turquía permaneció neutral y vendiendo alfombras.
No se puede negar que los muchacho del KGB eran imaginativos. Lo malo fue que eran tiempos rudos y de presupuesto bajo. Hoy le hubieran comentado al aprendiz de matarife:
- ...y cuando liquides al embajador tómate este caramelo para celebrarlo.
- Anda, gracias. ¿A qué sabe?
- A plutonio.
domingo, noviembre 26, 2006
Por Osiris y por Apis

A estas alturas, la afición de mi hermano por importar deidades forasteras no debería extrañar a nadie. El bueno de Starbuck es incapaz de salir al extranjero sin asaltar el panteón local. Teo, mi diosecillo azteca, constituye una prueba, si no viviente, al menos conveniente. La otra afición de mi hermano es probar la comida local e importar colitis monstruosas, pero esa es otra historia.
Vayamos al grano. Como el muchacho ha estado en Egipto de viaje de novios y allí hay oferta de dioses para aburrir, ha optado, a modo de resumen, por atacar el panteón por la cabeza y me ha traído un bonito Osiris para adornar mi estantería. Queda bastante chulo, todo sea dicho, pero no me fío de las implicaciones diplomáticas del asunto. Ya era bastante perturbador compartir habitación con un diosecillo menor azteca obsesionado con los sacrificios humanos; añadir todo un dios mayor con fijación por la muerte, el desmembramiento, la momificación y la vida de ultratumba no puede traer nada bueno.
Lo mismo debería ir pensando en irme a estudiar a la biblioteca municipal o, ya puestos, a un refugio nuclear, que es más seguro.
viernes, noviembre 24, 2006
Traducciones musicales
El otro día le afané el iPod a mi señor padre. Comoquiera que su selección musical no consistió en otra cosa que volcar al pequeño artefacto toda la música que hubiera en el disco duro de mi ordenador, si uno selecciona la opción "reproducción aleatoria" se enfrentará a una muy extraña mescolanza de idiomas, estilos y ritmos. Es lo que yo hice y, aparte de preguntarme cómo demonios llegó a mi disco una selección de aurreskus, tuve ocasión de reflexionar sobre las dificultades de traducir canciones a otros idiomas.
Resulta que, entre todo ese batiburrillo musical, hay dos parejas formadas por original y traducción de una misma canción. La primera de ellas enfrenta "Le mauvais sujet repenti" de Georges Brassens con "A sinner repents" de Graeme Allwright. Traducir una canción del francés al inglés es un engorro considerable, pues el segundo es tan sintético como expansivo el primero. Hagas lo que hagas te faltarán palabras con las que rellenar el espacio sobrante y tendrás que recurrir a la variación, la reiteración o las morcillas.
Pero la versión mencionada es modélica: recurre con tantísima gracia a la inventiva que no desmerece del original. La canción, si no la conocen, cuenta las andanzas de un chulo parisiense y conste que, aquí, chulo indica profesión y no talante. Topándose un día con una chica prometedora decide instruirla, para su propia conveniencia, enseñándole los secretos del oficio, pues como el mismo reflexiona:
"...on ne se fait pas putain / Comme on s' fait nonne. / C'est du moins c' qu'on prêche, en latin, / A la Sorbonne..." (1)
La traducción mantiene el nivel con notable soltura:
"...being on call is different / from a nun's vocation / as you can learn from any bishop's / dissertation." (2)
Pero es que hay momentos en que la supera notablemente. Así, cuando el descarado francés explica las bases del negocio señala:
"Ell' était l' corps, naturell'ment, / Puis moi la tête..." (3)
La traducción mejora con un jocosísimo:
"She did the work, / I was the Chairman of the Board." (4)
De medalla, oigan.
Sin embargo, la otra traducción -¡Dios mío la otra traducción!- no es sólo harina de otro costal; es harina de otro cereal, de país distinto y planeta dispar. El original es "Hotel California" de los "Eagles", por sí misma una joya. La traducción, sin embargo, corre a cuenta de los Gipsy Kings y eso, me temo, lo explica todo.
Ellos afirman que tradujeron al castellano, pero la única prueba es que intitularon su versión "Spanish Hotel California". Si hubieran afirmado que era sánscrito, navajo, tocario, copto o Linear B hubieran tenido idéntica credibilidad. Es más, si llegan a asegurarme que lo escribió un chimpancé esquizofrénico con sobredosis de anfetaminas mi convencimiento hubiera sido total. ¿No se lo creen? Pues, a modo de ejemplo, la segunda estrofa dice más o menos esto:
"Cuando viene despacio / el tumba'r verano / aquelera pa' recordá / otro p'olvidá. / Le pedí al cápitan /que sirve el vino / y pedí con un amor / tenido est'alcol / este sesenta y nueve / famosa y que llamando / pues me va a despertar / la noche pa' decir: / Güelcón tudi hótel California, / Sacha loli pleis, sacha loli pleis."
A ver si alguien tiene la caridad de explicarme lo del Capitán, el amor y el sesenta y nueve, porque me tiene preocupadísimo.
-ooOoo-
Nota: Propongo un concurso: el primero que reconozca de qué canción provienen los versillos que introducen la entrada gana, si promete no haberlo mirado en Google, el derecho a elegir el tema de una entrada de esta bitácora.
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(1) "No se hace una puta como se hace monja. Es lo menos que se enseña, en latín, en la Sorbona."
(2) "Hacer la calle es diferente de tener vocación de monja, como pueden aprender en la disertación de cualquier obispo."
(3) "Ella era el cuerpo, naturalmente. Yo la cabeza."
(4) "Ella hacía el trabajo. Yo era el Presidente del Consejo de administración."
jueves, noviembre 23, 2006
Dimorfismo sexual
El otro día estaba yo releyendo a Darwin -qué quieren que les diga, la tele está muy aburrida- cuando encontré un párrafo en el que el sabio británico señalaba que aquellas especies en que el macho es mucho mayor que la hembra suelen presentar comportamientos polígamos y de lucha violenta por acceder a éstas. Bien pensado tiene su lógica: cuando ponerse hecho un verraco sobredimensionado le compensa sólo al macho es muy posible que sea porque sólo él se tiene que liar a trompadas con sus coleguillas para darse una alegría rerpoductivo-sexual. La hembra, que no tiene estas urgencias puede permanecer en el tamaño eficiente sin sobrecargarse de kilos, colmillos o cuernas que sólo sirven para fardar y atraen a los cazadores como la miel a las moscas y el urbanismo a los ladrones.
Preocupado pues por las posibles implicaciones del sagaz pensamiento darwiniano me puse a echar un rápido vistazo a mis fotos de familia y claro, me preocupé más. Porque en todas las fotos en que aparezco con alguna fémina de mi núcleo familiar más inmediato la impresión general es tal que así:
Dicho lo cual y teniendo en cuenta las reflexiones de don Charles, ¿alguien me puede aclarar a qué demonios se dedicaban mis ancestros?
