En uno de sus libros, no me pregunten en cuál, Cela glosaba una irreverente letrilla popular que advertía contra el rijo del clero del procaz modo siguiente:
"Cuando a un fraile se le hinchan los c....
es inútil tomar precauciones."
No sé yo que fundamento tendrá dicho aserto, pues los frailes de mi colegio no pasaban de soltar un capón de vez en cuando, pero voy a permitirme coger prestada la letrilla para afirmar que:
"Cuando a un bicho le da por extinguirse
es inútil tratar de resistirse."
El primer indicio de esta preocupante verdad zoológica lo dieron los dinosaurios. Vale que cayó un meteorito muy gordo, que todo se puso perdido de polvo de iridio y que la atmósfera enrarecida filtraba mucha luz solar, pero mi cuarto trastero tiene polvo para aburrir, la bombilla está apagada casi siempre y las cucarachas no paran de engordar. Si algo no puede con un insecto negro y cabezón es inconcebible que apiole a un diplodocus hecho y derecho. Asumámoslo, los dinosaurios se extinguieron por que les dio la real gana. Se conoce que estaban ya hasta los fósiles de pasarse los eones mascando helechos y meneando el rabo y decidieron darse de baja. Lo que pasa es que, como por allí no había ningún zoólogo que tomase notas, le echaron al culpa al meteorito y todos contentos.
Sin embargo, hechos más recientes han permitido profundizar en el conocimiento de la verdad. No son sólo los cetáceos que se varan en las playas sin motivo aparente, el problema es general. Recuerdo, sin ir más lejos, que, hace unos años, unos biólogos aburridos toparon con la última pareja racialmente pura de una variedad de rumiantes pirenaicos. Entusiasmados con el hallazgo les conectaron unos transmisores, les tomaron muestras variadas y los dejaron a su aire en el monte. Los bichos, indignados con esta maleducada interferencia en su complaciente extinción treparon a lo alto de un risco en plena tormenta veraniega. Allí, un oportuno rayo convirtió a la feliz pareja en asado de cabra cabreada con salsa de transistor.
La última bestia empeñada en chotearse de los conservacionistas ha sido el Lagarto Gigante del Hierro, un reptil canario de color parduzco y considerable porte. Comoquiera que no quedaban demasiados bichos de estos, los responsables locales de medioambiente llevan una década apareándolos sin descanso. Una labor loable, no lo niego, pero inútil: el lagarto de marras es otro de esos testarudos bichos empeñados en hincar el pico. El otro día, una inesperada borrasca descargó sobre la isla canaria con tanta fuerza que los torrentes arrastraron al mar árboles, muros, coches, propiedades diversas... y la mitad de los lagartos que aún quedaban por allí.
Si cuando digo yo que lo hacen aposta...
miércoles, enero 31, 2007
Extinción
martes, enero 30, 2007
Ashura sin banderillas
Hay festividades anuales que los redactores de informativos agradecen mucho, ya que no dejan de proporcionar curiosas y exóticas imágenes con las que rellenar unos minutos de pantalla. El día de la ashura es uno de ellos. Ese día, los fieles chiítas más fervorosos se atizan a conciencia para solidarizarse con el imán Hussein muerto el año 860 de nuestra era (61 de la suya) en la batalla de Kerbala.
Por meter la nota gafapasta que siempre se espera de mí añadiré que el simple hecho de que al asunto de Kerbala se le llame batalla demuestra cómo los vencedores gustan de reescribir la historia. Lo que por allí pasó en octubre del 860 fue más o menos lo siguiente. Estaba el nieto de Mahoma, Hussein Ibn Alí de viaje con su familia (mujeres, ancianos y niños en su mayoría) cuando les rodearon unos 30.000 soldados a sueldo del califa Yazid ibn Muawiyya. Después de tener a los parientes de Mahoma tres días sin comer ni beber en medio del desierto y como ya se les estaba haciendo tarde los pasaron a cuchillo sin mayores molestias. En mi humilde opinión, si eso es una batalla, entonces cuando un zagal se orina en un hormiguero se está reeditando el Diluvio Universal.
Pero vayamos al grano: hoy, en el telediario, además de las habituales imágenes de musulmanes iraquíes clavándose machetes y flagelándose con cadenas han añadido tomas de la celebración que los chiítas residentes en España han organizado en Barcelona. El problema reside en que el Ayuntamiento barcelonés es bastante contrario a la efusión de sangre -más aún desde que nombraron al lugar "ciudad antitaurina"- y sólo les ha autorizado la concentración si se abstenían de clavarse cuchillos y propinarse latigazos. Son consecuentes, si ponerle banderillas a un morlaco les parece feo, endilgárselas a un musulmán les debe parecer aún peor.
Se conoce que los convocantes aceptaron la condición del consistorio, pues en el telediario sólo han mostrado a unos cuantos fieles arreándose bofetones a pecho descubierto. Yo no estoy muy puesto en ceremonial feestivo chií, pero a mi me parece que la fiesta les ha quedado un poco deslucida. Al cambio, algo así como sacar de procesión al patrón del pueblo subido en un tractor.
En fin, esperemos que el imán Hussein se conforme con fiesta tan sinsa, porque yo, en su lugar, me aparecía, protestaba o hacía lo que quiera que haga un líder religioso muerto cuando le estafan. Después de que te asesinen en el desierto con toda la familia, lo menos que uno puede pedir es que no le organicen una fiesta descremada. ¡Faltaría más!
lunes, enero 29, 2007
Parábola
Años ha, Ricitos de Oro tenía un perro. El animal, un coqueto y peludo scotish terrier requería de frecuentes cepillados para mantenerse en perfecto estado de revista. Sin embargo, como el mencionado can era muy dado a revolcarse por el suelo y emporcarse la pelambre, los necesarios cepillados le provocaban molestos e incómodos tirones. En venganza y con implacable lógica perruna, terminado el aseo, el perro atacaba al peine.
Humanos también hay que, cuando pierden lectores, buscan un cepillo y se le tiran a la yugular.
domingo, enero 28, 2007
Punto de cruz
Hace unos días paseaba con Ricitos de Oro ojeando escaparates cuando ella obsevó que en el de una mercería se exhibían fundas de lana para el móvil que imitaban el aspecto de diversos animales. Como la nena es bastante aficionada al bicherío, no pudo dejar de comentarlo:
- Mira qué gracioso, ese es un perrito... Y ese un gatito. Y ese un... un... un...
- ¿Un aborrecible ser anfibito?
- Hmmm... sí.
Tiene que resultar muy esquizofrénico ser aficionado a un tiempo a Lovecraft y el punto de cruz.
viernes, enero 26, 2007
Famélicos infernales
Comoquiera que el otro día hizo su aparición Dante en estos escritos y que en los medios de comunicación no se habla de otra cosa que de la huelga de hambre del notorio criminal de Juana Chaos, me ha dado por preguntarme en qué círculo infernal situaría el señor Alighieri al eusquérico asesino y qué pena personalizada correspondería a sus desmanes en caso de morir por el prolongado ayuno. Sé que me van a objetar que el individuo éste sigue vivo, pero como el poeta no se cortaba un pelo en mandar al Averno en vida a la gente que le caía mal, un servidor se arroga el mismo privilegio.
Determinar el sitio correcto para este tipejo puede ser compicado: el tal Iñaki ha sido tan prolijo en sus ofensas que se le podría encajar en diversos lugares:
- con los iracundos, en el quinto círculo. A estos les corresponde luchar eternamente entre sí para salir de la ciénaga en que yacen y respirar un poco;
- entre los homicidas, que en el anillo exterior del sexto círculo se cuecen en borboteante e hirviente sangre;
- con los suicidas, en el anillo contiguo, convertido en un árbol sangrante cuyas ramas tronchan las arpías; o
- con los traidores a su país, en el segundo anillo del noveno círculo, sumergido hasta el cogote en el lago helado llamado Cocito.
Comoquiera que los transportes en el Infierno están hechos cisco -es bien sabido que todos los ingenieros van al cielo- e incluso Dante, que contaba con protección divina, se las vio negras para cruzar de círculo en círculo, no parece recomendable que el condenado cambie de lugar por turnos. Así pues, habrá que decidir. Puesto que su ira, sus homicidios y su eventual suicidio forman parte de su estrategia político-criminal para independizar su caserío y alrededores, opino que Dante elegiría el Cocito. Una lástima, el castigo de los suicidas siempre me pareció el más vistoso, cruel y lamentable de todo el poema.
Pero todo tiene sus ventajas, allí hay dos personajes que nos ayudarán a determinar la pena exacta que más conviene a nuestro caso: el Conde Ugolino della Gherardesca y su asesino, el obispo Ruggieri. Resulta que por una de esas discusiones políticas que entretenían a los italianos antes de inventar el fútbol, la pizza y las películas de Jaimito, el obispo encerró al conde en una torre y lo dejó morir de hambre. Dado que tenían unas cuantas traiciones pendientes, acabaron ambos en la cubitera infernal, con el cruel añadido de dedicarse el aristócrata a roer el colodrillo del prelado hasta el final de los tiempos.
¡Voila! Ya lo tenemos. La conclusión es obvia: si de Juana mata de hambre a de Juana, de Juana debe mordisquear el cogote de de Juana. No hay error posible. Admito que la postura es un poco complicada e incómoda, pero tiempo no le va a faltar para practicar. Además, si no se apaña, seguro que Ugolino le echa una mano y dos o tres molares. A fin de cuentas lleva setecientos años jalándose al obispo y agradecerá el cambio de menú.
En fin, ya sólo tengo que escribir unos cuantos tercetos encadenados y añadirlos a la próxima edición como suplemento. ¿Alguien recuerda cómo se dice cogote en toscano?
jueves, enero 25, 2007
Llamadas mañaneras
No es la primera vez que me quejo de las llamadas telefónicas matutinas que atentan contra mi concentración memorística, pero por lo menos antes intentaban venderme cosas, que sería un tostón pero por lo menos era bueno para la economía. La de esta mañana, en cambio, me ha dejado por completo en fuera de juego:
- ¡¡¡¡¡Riiiiiiiiing!!!
- ¿Diga?
- ¿Vive ahí el señor X?
- Sí, soy yo.
- Pues perdone, me debo haber equivocado de número.
O de planeta.
miércoles, enero 24, 2007
Ahorro
El ahorro, por norma general, es tenido por una virtud positiva y loable, pero, como todo, es bueno mantenerlo dentro de límites de razón. Claro, que esto no es algo que se consiga siempre.
En los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, el Kaiser Guillermo se empeñó personalmente en dotar a su país de la marina más moderna y eficaz del mundo. Sin embargo, cuando comenzó el conflicto, sus órdenes fueron que la flota permaneciera amarrada en puerto, no fuera que los ingleses tuvieran la mala uva de intentar hundirla. ¡Con la de marcos que nos ha costado! - debió pensar don Guillermo y la armada se pasó toda la guerra acumulando polvo en el puerto de Kiel. En cuatro años que duró, hubo una sola batalla naval de importancia, la batalla de Jutlandia, y tuvo sólo lugar porque los ingleses fueron a buscar a los alemanes a la puerta de casa. Lo más curioso es que, aunque la batalla la ganaron los alemanes, el kaiser se reafirmó en su decisión:
- Seis barquitos me han hundido... y de los más bonitos. Estos no salen de puerto más, hombre.
Sí, vale, que los alemanes son gente rarita, pero estas cosas las hacemos en todas partes: buena proporción de las casas que en este país se construyeron antes del minifundismo habitacional que se estila ahora, tienen una pieza llamada "salón de visitas" que jamás se usa para nada, pues su única función es impresionar a los visitantes con su elegancia, su magnificencia y sus cursis figuritas de Lladró.
Por completar la terna de ejemplos de ahorro inútil les contaré una pequeña anécdota familiar. Hace unos años, uno de mis primos cadetes recibió un magnífico y vistoso regalo: un trenecito de hojalata que, valiente y decidido, daba vueltas por su vía circular. Cuando el donante quiso ponerlo en marcha para recrearse con él, el niño lo apagó de inmediato exclamando horrorizado:
- ¡No! ¡Que se gasta!
¿Y todo esto a cuento de qué?- preguntarán. Pues verán, estaba leyendo ayer el periódico cuando averigüé que la Audiencia Nacional ha mandado repetir las pruebas periciales a los restos de explosivo del 11-M, dado que las que se realizaron en su día resultaron inconcluyentes. Dicho sea de paso, la medida me parece de perlas. No sé qué demonios dirán los análisis, si confirmarán la versión de la fiscalía, la pondrán en duda, o volverán a ser inconcluyentes, pero por lo menos se habrá intentado obtener datos objetivos en vez de partirnos la crisma recíprocamente con base en las opiniones y conveniencias políticas de cada uno.
Pero lo curioso del asunto no es eso, sino lo que sigue. Parece ser que la fiscal -nada sospechosa de alentar teorías conspirativas- había pedido al juez instructor la adopción de dicha medida hace ya unos cuantos meses. Sin embargo, éste se había negado, señalando que quedaba muy poca cantidad de residuos y que, de analizarlo, se podía gastar. No digo que no sea verdad: pero, ¿si no es para analizarlas para qué demonios sirven las muestras de "sustancia polvorienta de color rosado"? ¿Para inaugurar una sala nueva en el museo de la Policía? ¿Para condimentar los champiñones al ajillo? ¿Para ligar salsas de pescado y marisco?
A mí que me lo expliquen.
- Señor Juez, ¿analizamos las pruebas?
- ¡No! ¡Que se gastan!
