Glosaba ayer J.A. García Amado el lamentable espectáculo de estos jueces nuestros (grandes han debido ser nuestros pecados para haber tales juzgadores) cuyos votos pueden determinarse con inflexible certeza averiguando quién propuso su nombramiento. La imagen que ofrecen estos magistrados de granítica ligazón política es tan indignante que ganas me entran de tornarme epigramático, mordaz y quevedesco para así protestar en verso.
Con jueces y políticos de este jaez, las coplas me salen solas. Podría, por ejemplo, decir:
"Con una venda cegada,
pintaban a la Justicia.
La venda, caída al cuello,
sírvele ahora de brida."
O si no:
"Si quieres saber, Perico,
el juicio del magistrado,
mira el forro de la toga
a ver quién se la ha pagado."
Pero en fin, dejemos los versitos y pasemos a las consejas históricas, que son más habituales por estos reinos. No es novedad que quienes mandan deseen hacerlo sin cortapisas, por eso, la existencia de poderes independientes siempre ha molestado lo suyo a reyes, cónsules o emperadores. Antes de la Revolución Francesa la mosca cojonera que más inquietaba los testes reales no era la Justicia, que era Justicia del Rey, sino la Iglesia. La solución más cómoda para evitar las molestias que podían causar los clérigos probos y acusadores era colocar un amiguete en el papado o, a falta de medios suficientes, en el obispado correspondiente.
Enrique II, rey de Inglaterra, que no paraba de tener problemas con la Iglesia Católica en general y el arzobispo de Canterbury en particular lo sabía muy bien. Por eso, cuando el obispo Teobaldo falleció en 1161, pulsó todos los hilos que estaban a su alcance para que le sucediera su más íntimo amigo, el Lord Canciller Thomas Becket. El tal Thomas era un tipo curioso; mientras fue canciller fue el más eficaz de los servidores del Rey, cumplió con firmeza sus órdenes, presionó por igual a clérigos y seglares, acompañó al Rey en negocios y francachelas y juntos dejaron exhausto y agotado al gremio de suripantas, rameras, izas, rabizas y colipoterras de la ciudad de Londres y alrededores. Se conoce que el señor Becket consideraba que aquellas eran sus obligaciones como canciller, pero su idea de las responsabilidades de un obispo eran muy distintas. Al cabo de ser investido en su nueva dignidad Thomas cambió el jubón por el cilicio, el putiferio por la catedral y la obediencia al Rey por la más firme defensa de los derechos eclesiásticos que jamás conoció el país inglés.
A Enrique no le sentó demasiado bien el viraje de su amigo. Su enemistad fue creciendo al paso de los años hasta culminar con el asesinato del obispo en el atrio de su propia iglesia el 29 de diciembre de 1170. Dicho sea de paso, fue un error monumental. Si Becket era peligroso como obispo respondón, como reverenciado mártir de la libertad era temible. Tan presionado se llegó a ver el monarca -la excomunión le rondó muy de cerca- que, el 12 de julio de 1774, Enrique hubo de hacer pública penitencia flagelándose ante la tumba de su enemigo.
¿No habrá en toda la carrera judicial patria un solo Thomas Becket que mandar al Constitucional?
jueves, febrero 08, 2007
De independientes, dependientes e indecentes
miércoles, febrero 07, 2007
Onomástica tradicional

Estaban dando en televisión la notica del fallecimiento de Erika Ortiz, la hermana de la "princeza" con "z", cuando mi madre comentó:
- Erika, ese nombre no es de aquí.
- Bueno, más bien es noruego o así a manera.
Ya iba yo a largarle un rollo sobre Erik el Rojo y la colonización de Groenlandia cuando mi dilecta progenitora decidió profundizar en el tema de los nombres:
- Lo sabía, en mi pueblo nadie se llamaba así.
- Bueno, mamá, no sé yo si ese método es muy fiable. A fin de cuentas no es una localidad tan grande. Tiene que haber muchos nombres perfectamente tradicionales y castellanos sin representación en el lugar.
Comoquiera que mi madre defendía la pertinencia de su método, decidí ponerlo a prueba. Tomé el santoral romano y fue proponiendo nombres. Me está bien empleado, por discutir con mis mayores. Los ha clavado uno tras otro, con mote y señas personales:
- ¿San Nicolás?
- Nicolás, el de las cabras.
- ¿Santa Florentina?
- La Florentina, la que hacía flores de tela (parece lógico).
- ¿Eugenia?
- Claro, la madre del "Quemaíllo".
- ¿Julián?
- Claro, Julián "el Lila"...
Y así hasta las dos docenas. Menos mal que para San Canuto se ha quedado sin respuesta. Claro, que el virtuoso hijo de Suenón, rey de Dinamarca, muy de por aquí tampoco era.
martes, febrero 06, 2007
De Rimas y Confusiones
En el preámbulo al "Paradise Lost", John Milton explicaba por qué renegaba de la rima en favor del verso blanco:
"[...]la rima no es un complemento necesario de la buena poesía, especialmente en las obras largas, sino el invento de una bárbara época con objeto de compensar temas innobles y metros cojos; agraciado sin duda por el uso que de él han hecho algunos famosos poetas modernos, pero continuado por costumbre para su propio vejamen, incomodidad y obligación de expresar las cosas de modo distinto y, por lo general, peor del pretendido."
Milton exageraba, pero, a fin de cuantas, lo hacía casi siempre: probablemente era lo que le convertía en un poeta épico de tan gran calibre. Sin embargo, en una cosa tenía razón: la rima es peligrosa y puede llevarte a peligrosas confusiones. Una de mis compañeras de oposición tenía un problema al hablar de ciertas instituciones del derecho civil gallego: las agras y los vilares. Impulsada por la velocidad inherente al cante y el gusto por la rima, la muchacha era incapaz de no decir agras y viagras, que es rima rotunda y consonante. Desde que es consciente del problema, la diligente opositora ha invertido el orden de la exposición para hablar de vilares y agras, que induce menos al error. Una lástima, seguro que al tribunal le hacía ilusión que una rubia espigada les hablara de pastillitas azules y revigorizantes.
Sin embargo, en otras ocasones, el cerebro se equivoca a su aire y sin necesidad de invocar el consonante (ya les conté, por ejemplo, la anécdota de mi madre y su vecina "la Garbanza"), pero ayer añadí una nueva a mi colección. Estaba de cháchara con mis compañeros de fatigas memorísticas y nos pusimos a hablar de donar sangre (somos así de benéficos y ejemplares y, ¡qué demonios!, te dan un sandwich de chopped por la jeta). Alguien comentó que una ventaja de donar es que, de paso, te hacían la prueba de la Hepatitis, el SIDA y demás enfermedades infecciosas. Una de mis compañeras, cuyo córtex tenía el día hipocondríaco y juguetón exclamó:
- ¿Y si te dicen que tienes el VHS? ¿Qué haces?
- Comprarte un DVD, que están baratos.
lunes, febrero 05, 2007
Españolista el último y taifas para todos
Don Pedro Ruiz de Azagra era un aventurero intrépido, imaginativo y montaraz. Nacido en Azagra, Navarra, en algún indefinido momento del siglo XII pronto descubrió que lo que de verdad le tiraba en esta vida era la batalla, el pillaje, el latrocinio y el saqueo. Era ésta vocación muy difundida por la época y la multitud de pequeños reinos que proliferaban en la península dejaba amplio margen para su práctica. Don Pedro, en consecuencia, reunió a unos cuantos amigotes y se entregó a ella con devoción.
Mientras andaba de aquí para allá afanando lo que podía, el perspicaz muchachote navarro se dio cuenta de que el Rey moro de Valencia andaba demasiado ocupado dándose de galletas con el de Granada como para preocuparse en demasía de qué ocurría en sus territorios de Albarracín (provincia de Teruel, para el que no se oriente).
Como la ocasión la pintan calva y no era cuestión de dejar pasar oportunidad tan jugosa de hacer fortuna, el señor Ruiz y sus compadres se presentaron en Albarracín, pasaron a cuchillo a la guarnición y se instalaron en el lugar para su mayor comodidad y disfrute. Mucho debió placer el lugar a don Pedro, pues decidió quedarse como señor de aquellas tierras. Esta decisión, no obstante, implicaba un problema: el nuevo señor de Albarracín ni poseía título habilitante que le permitiera acceder a la realeza ni estaba dispuesto a declararse vasallo de monarca terrenal alguno que pudiero limitar su soberanía. Sin embargo, como ya advertí, el azagrés era hombre de fértil imaginación que no tardó en hallar la solución más conveniente. Ni corto ni perezoso, don Pedro nombró Reina de Albarracín a la Virgen María, proclamándose de inmediato su fiel y cumplidor vasallo. Las ventajas de la virginal soberanía eran indudables. No sólo es que nadie fuera a discutir los títulos de propiedad y realeza de la madre de Dios, sino que, por tener María su residencia fuera de aquellos reinos, necesitábase gobernante resuelto y capaz que en su nombre los administrase. ¿Quien mejor que don Pedro Ruiz de Azagra? Pues nadie, se lo digo yo.
Pasados los siglos, sin embargo, las montunas taifas sin dueño se han vuelto singularmente escasas. Los aventureros con afán de mando han debido buscar nuevos lugares para hacer su santa voluntad y, cómo no, los han hallado. Lo que se podía hacer en una taifa turolense, parece ser que cuela igual en la autonomía gallega. Ayer, sin ir más lejos, el presidente del PP de Galicia, señor Núñez Feijoo, tuvo el santísmo cuajo de declarar que los textos de los Estatutos de Autonomía de Andalucía y Castilla La-Mancha son en exceso "españolistas" por incidir en demasía en la "unidad de España". Para remediar semejante desafuero, don Alberto, quien según declaración propia "lleva el galleguismo en la sangre", ha anunciado que desea pactar con el PSOE y los nacionalistas una solución que a todos satisfaga.
¡Miña Santiña! A que se declaran vasallos de la Virgen.
domingo, febrero 04, 2007
Crítica de cine
Ya que ayer fui a ver "Apocalypto" voy a recuperar esta vieja tradición mía de hacer crítica de cine en una sola frase. Allá que voy:
"Aunque estés inmerso en una profunda crisis, sacrificar a Ronaldinho no es la solución."
He dicho.
viernes, febrero 02, 2007
De la realidad y la ficción
Hace unos cuantos años yo era bastante aficionado a una serie de humor norteamericana. Su título original era "The Fresh Prince of Bel-Air", pero en España prescindimos de frescuras y lo dejamos en "El Príncipe de Bel-Air". Mi abuela, considerablemente más sintética lo dejó en un escueto "Los Negros":
- ¡Vaya vicio tenéis con los negros!- y cambiaba de canal.
El caso es que, en uno de los capítulos de la serie, se relataba el funeral de un desaprensivo y odioso personaje. Conforme a la tradición del lugar, sus conocidos, amigos, parientes y amantes tomaban la voz por turno para hablar del fallecido. Sin embargo, dadas las poco honorables cualidades personales del difunto, en lugar de entonar su panegírico, los oradores mostraban su hondo regocijo por el deceso del atrabilario individuo.
Avergonzado por dicha actitud, uno de los presentes se alzaba en pie y exclamaba:
- No puedo creer lo que están haciendo. Está el pobre hombre aquí, de cuerpo presente y no son capaces de decir una sola palabra buena de él.
Uno de los aludidos, molesto por dicha acusación, replicaba:
- Y tú, ¿quién demonios eres?
- ¿Yo? Bueno, yo... el tío que se lo cargó.
Hasta aquí "los negros". Ahora debemos cambiar de escenario.
En Fago, un pueblecito del pirineo oscense, el alcalde fue emboscado y asesinado hace tres semanas. Aunque diga el refrán que del roce nace el cariño, en los pueblos pequeños, del roce lo que suele salir son chispas. Tal vez por eso, cuando los periodistas entrevistaron a los lugareños no les costó mucho encontrar gente que pusiera de verde perejil al fallecido regidor. El hombre, dicho sea en justicia, debía tener también sus partidarios, pues había ganado las elecciones tres veces consecutivas con abrumadoras diferencias de voto, pero estos no hablaban. Se conoce que una vez comenzaron los tiros hallaron prudente hacer mutis por el foro y no postularse a blanco de nuevos disparos vengadores.
No obstante, uno de los vecinos que despotricaban contra el difunto consideró necesario matizar que aquel crimen era "un disparate, la guinda final de una serie de disparates".
- Hombre, menos mal, ¿y quién fue el hombre honrado que tuvo la decencia de recordarlo?
- Bueno, pues, él es... esto... el tío que la Guardia Civil ha detenido esta mañana por su implicación en el crimen.
Visto queda que la realidad imita el arte, pero, la verdad, bien pudiera buscarse modelos más honrosos.
jueves, febrero 01, 2007
Surrealismo comercial
Cuando yo era pequeño, el ABC tenía un suplemento dominical de humor llamado "El Loro" que valía su precio en polonio radiactivo. Mi abuela guardaba aquellas revistillas en un cajón y yo, cada vez que iba al pueblo, me las repasaba de cabo a rabo. Especial diversión me procuraban los diálogos absurdos que allí escribían Tip y Coll. Eran aquellas unas piezas de gozoso surrealismo en las que la enloquecida pareja intercambiaban delirantes apreciaciones del jaez de "quien calla otorga, como las mantecadas". De ahí me viene el gusto por el humor desquiciado y aburdo que aún conservo. Sin embargo, con el ABC en estado catatónico y sus humoristas muertos o en desbandada he tenido que buscar nuevas vías de suministro de absurdos.
La más fructífera, sin duda, han sido los anuncios radiofónicos. así como en la televisión se tiende a elaborar pequeñas películas de alambicado contenido, la radio, más tradicional, sigue siendo partidaria de la comunicación directa y surreal. Ya comenté un ejemplo en cierta ocasión, pero ahora hay uno de laxantes que me tiene sumamente intrigado.
Sin introducción alguna se escucha la voz de un varón que le comenta a otro:
- Oye, Carlos, me ha dicho tu novia que ya no tienes problemas para ir al baño, ¿cómo lo haces?
El tal Carlos, de un buen humor que bordea lo psicotrópico le cuenta pormenorizadamente a su amigo cómo la administración de un nuevo laxante soluble con sabor a café le ha dejado las tripas en perfecto estado de revista y desfile.

Yo lo que me pregunto es qué clase de relación hay entre estos tres. ¿Por qué le hace tanta ilusión a este hombre que el pregunten por su tracto intestinal? ¿Tanto tiempo pasan juntos la novia y el amigo que acaban por hablar de las tripas de Carlos? ¿A él no le preocupa esto? ¿Son más llevaderos los cuernos que el estreñimiento?
El tal Carlos sabrá lo que hace con su vida, pero a mi me viene un amigo con esas y le respondo que pase que se encalome a mi novia, pero que por lo menos tengan la decencia de hablar de fútbol.
Uno tiene su dignidad después de todo.
