Nada hay de extraño en tener problemas con la tecnología. Mi problema particular son los apocalipsis periódicos de mi ordenador. Sin ir más lejos, ayer y por tal motivo, se quedaron ustedes sin la entrada de rigor. No obstante, lo de mi madre es mucho más grave. Sus problemas con el teléfono móvil empiezan a entrar en el terreno de la amenaza y la intimidación personal.
Ayer, mientras mi pretecnológica progenitora trataba de localizar a Starbuck, el teléfono tuvo a bien advertirla del estado calamitoso de su saldo. El cacharrito, que es muy educado, se lo advirtió de viva voz, que es medio directo y socorrido de señalar tales incidencias.
Sin embargo, a mi madre, el anuncio la inquietó:
- Achaaaaaaaaab, que sale una voz muy rara en el teléfono.
- ¿Y qué dice?
- Que ya me queda poco.
- Ah, bueno, eso es normal. Es el fantasma de las navidades futuras.
sábado, abril 29, 2006
De las psicofonías amenazantes
jueves, abril 27, 2006
La conjura de la aceituna
Hay dos aficiones gastronómico-vegetales que han pasado en mi familia de padre a hijos. Concretamente de mi padre a sus dos retoños, Starbuck y yo: la ingestión compulsiva de zanahorias crudas y la deglución reiterada de aceitunas de Campo Real. Sin embargo, estas aficiones no son tratadas simétricamente por mi madre, guardiana de nuestra salud alimentaria. Mientras que el suministro de sanas y beneficiosas zanahorias es continuo, el de oleosas y engordantes aceitunas es cuidadosamente racionado.
No obstante y a pesar de sus desvelos, una noche, al regresar de la farmacia, mi madre encontró el frigorífico repleto de botes de aceitunas. La invasión olivácea motivó una rápida exigencia de responsabilidades. El primer imputado fue mi padre, que para eso había ido a comprar.
El acusado aportó su coartada: la lista diaria de la compra. En ella, como colofón, figuraban 2 kilos de aceitunas. La reacción fue de indignación:
- ¡Yo no escribo las "aes" así!
Ella no, Starbuck sí.
Sé lo que estáis pensando. Aquí hay algo que no encaja. ¿Cómo es posible que mi padre, acostumbrado a comprar las olivas en raciones de subsistencia, no sospechara al observar tan desproporcionada cantidad? Recuerden el primer párrafo: a mi padre le encantan las aceitunas.
miércoles, abril 26, 2006
El lenguaje de las flores

El otro día, mi padre entró en mi monástica celda de estudio regadera en mano:
- Voy a regarte los geranios, que, a fin de cuentas, no tienes más distracción que el canto de las flores.
Ignoro si eso del "canto de las flores" es lo que suelta un ingeniero industrial cuando intenta ponerse líricamente primaveral o si, por el contrario, se estaba choteando de mi persona.
Casi prefiero la segunda opción: como me tenga que distraer con el canto de las flores y el olor de los palomos, apañado estoy.
martes, abril 25, 2006
Revistario
Ayer cayó en mis manos -sería más exacto afirmar que depositaron en ellas- una revista musical cuya hilo discursivo se enhebra no sé bien si alrededor del Rock and Roll en general, el punk en particular, el underground más inclasificable o las estridencias clasificadas como molestas, nocivas, insalubres o peligrosas.
A mis desavisados sentidos, cualquiera de estas opciones les resulta equivalente: yo me desactualicé irreversiblemente de la música desde que Wagner la espichó en Venecia para completar su mala fama de sepulcro flotante y blanqueado.
Con todo, me he leído el fanzine de la primera a la última letra y lo he disfrutado considerablemente. Supongo que esto de leer disertaciones sobre música que desconoces y entrevistas a tipos cuya existencia ignoras es como leer literatura de viajes: no has estado allí, probablemente nunca irás, es muy posible que el lugar descrito ni se parezca al real y, sin embargo, participas de la emoción entusiasta del viajero o el explorador.
Ahora me acosa la siguiente disyuntiva. Puedo intentar encontrar grabaciones de toda esta gente a ver si suenan como me gustaría o bien limitarme a imaginarlos filtrados por el entusiasmo contagioso de los redactores de la revista. Supongo que lo más razonable sería lo segundo. Pero, ¿desde cuándo soy yo alguien razonable?
lunes, abril 24, 2006
Señor Mono

Uno de los grupos parlamentarios que acomodan su colectivo trasero en nuestro patrio hemicirco ha anunciado que solicitará "la inclusión inmediata de los grandes simios en la categoría de personas". Dichas señorías estiman necesario que se otorgue a los monos antropomorfos "la protección legal y moral de la que, actualmente sólo gozan los seres humanos".
Ustedes ya se estarán figurarando qué voy a decir. Sin duda piensan que me opondré a la propuesta y comenzaré una de mis habituales diatribas. Que sostendré que los monos necesitan protección como tales monos y no como personas, pues no lo son. Tal vez imaginen que me volcaré en ingeniosas descalificaciones contra los homínidos autores de la propuesta y que enmascararé mi estupefacción con regocijantes chanzas.
Pues se equivocan.
Admito que esa era mi primera idea, pero he cambiado de opinión tras leer las declaraciones del teniente de alcalde del ayuntamiento de Barcelona, Sr. Portabel·la. Resulta que para sustituir al entreñable y difunto Copito de Nieve (Floquet de Neu en lenga vernácula) las autoridades pertinentes han fichado a un gorila holandés llamado Awali.
El señor Portabel·la, que sigue de cerca el proceso de integración del simio en la sociedad catalana ha afirmado que Awali "ja està aprenent català i aconseguirà aprendre’n més ràpid que molts jugadors de futbol".
Eso lo cambia todo, si un gorila neerlandés se aprende las obras completas de mossen Cinto Verdaguer, no sólo merece ser persona. Merece más, mucho más. Merece ser teniente de alcalde del ayuntamiento de Barcelona. Eso como poco.
- Señor Mono, tiene usted la palabra.
domingo, abril 23, 2006
Tal como soy
Allá por mi infancia de colegio de pago y collejas por empollón gafudo, el psicólogo del centro justificaba su sueldo sometiéndo al alumnado a periódicas pruebas de aptitud, actitud, personalidad y demás zarandajas mentales. A mí me parecían divertidísimas, supongo que porque invariablamente acababan motejándome de "inestable", "asocial", "neurótico", "psicótico", "autodestructivo" y otras palabras complejas que hacían ilusión al alevín de sociópata que yo era.
El caso es que, desde entonces, conservo la afición a someterme a este tipo de boberías. La última ha sido un test que viene en www.personaldna.com, el cual sostiene que este servidor de ustedes es así:
Conclusión: soy una carta de ajuste.
Nota al pie: si arrastran el ratón sobre las teselas cuenta qué significan.
sábado, abril 22, 2006
Praxis de la idiotez

La praxis de la idiotez es semejante a la prueba de la locura en la conseja del gallego. Sí, esa que acaba con un desconfiado: ¿Dices que está loco? ¿Es que rompe billetes?
La manifestación práctica de la estupidez supina consiste en acercarse a un cajero automático, sacar unos eurillos, recoger la terjeta y el recibo y largarse refunfuñando por el calamitoso estado de las finanzas propias mientras se abandona el efectivo al primer viandante espabilado que se aproxime al cajero.
Como ya habréis adivinado, ayer demostré practico modo mi soberana estulticia. Por citar al valeroso soldado Schweijk: "Soy un idiota oficial, tengo título."
