A los once años de edad, Nikolai, hermano mayor del célebre escritor León Tolstoi, creía haber hallado un método que aseguraría la felicidad de los hombres. Considerando que un secreto de tal calibre no debía estar al alcance de cualquiera, propuso a sus hermanos formar una sociedad secreta encargada de su custodia. Para ingresar en la "Hermandad de las Hormigas", nombre elegido por el imaginativo chaval, se exigirían tres pruebas de temperamento y determinación:
1- Caminar sin vacilación sobre una grieta del parqué de su casa de campo.
2- Dejar transcurrir un año sin mirar una liebre, ya estuviera viva o muerta, cocinada o cruda.
3- No pensar nunca en un oso blanco.
Las dos primeras eran difíciles, pero pudieron ser superadas. Sin embargo, cada vez que los pequeñines trataban de no pensar en osos blancos, miríadas de plantígrados albinos les recorrían el cerebro. El tiempo pasó, los hermanos cambiaron de juego y el secreto de la felicidad universal se perdió para siempre.
Según parece, vaciar el cerebro es bastante complicado. Yo acabo de ver la portada de "¡HOLA!" y, por más que el buen gusto y la educación me lo prohíben...
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...no puedo dejar de elaborar chistes de momias.
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miércoles, enero 13, 2010
Mente en blanco
jueves, noviembre 22, 2007
Le photographe
No es que yo tenga demasiada querencia por la vieja metrópolis de los parisios. Para mi gusto contiene demasiadas avenidas, exhibe demasiada grandeur y usufructúa demasiados retretes de pago. No obstante, una cosa puedo decir en elogio del lugar: convirtió a mi hermano en fotógrafo. En uno bastante bueno, además.
De siempre, mi padre había tenido a su cargo dejar constancia gráfica de los viajes familiares. Además, queriendo lucirse en tierra extranjera, había decidido mimar la logística e importar, desde los USA esos, una mastodóntica cámara de inagotables prestaciones y posibilidades técnicas. Tan buena disposición y tan sólidos medios parecían augurar magníficos frutos.
Lamentablemente, su ingeniero interior se resistía a morir sin batalla. Trataba el artista improvisado de inmortalizar el obelisco de la Concorde cuando, de pronto, se dio cuenta de que no le cabía entero. Como no quería alejarse más del monumento no fuera a colársele algún japonés entre medias, inclinó la cámara y lo fotografió en diagonal. Semejante aberración compositiva fue demasiado para la sensibilidad artística de mi hermanito. Aquella misma mañana tomó posesión de la cámara y no ha dejado desde entonces de practicar.
Lamentablemente, su ingeniero interior se resistía a morir sin batalla. Trataba el artista improvisado de inmortalizar el obelisco de la Concorde cuando, de pronto, se dio cuenta de que no le cabía entero. Como no quería alejarse más del monumento no fuera a colársele algún japonés entre medias, inclinó la cámara y lo fotografió en diagonal. Semejante aberración compositiva fue demasiado para la sensibilidad artística de mi hermanito. Aquella misma mañana tomó posesión de la cámara y no ha dejado desde entonces de practicar.
Han pasados ya diez años desde aquello. Hace unos días le photographe volvió a París.
El obelisco le estaba esperando.
El obelisco le estaba esperando.
Nota. La autoría de ambas fotos, por supuesto, corresponde a mi hermano. Si tienen tres horas libres y quieren ver la serie completa, despídanse de sus deudos y pregunten por él.
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Categorías: es un obelisco, fotos no, Paris
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