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jueves, noviembre 19, 2009

A medianoche

Ayer me telefoneó mi hermano, a medianoche, para hablarme media hora del infinito, el suicidio cuántico y la interpretación de Copenhague.

Media hora. A medianoche. Con un par.

jueves, enero 03, 2008

Familia

La figura del hermano holgazán, avispado y tarambana que aprovecha la fama de sus parientes tiene una larga tradición. Tantos había en el siglo XIII como en el XX. Si en aquel, Carlos de Anjou aprovechaba que su hermano era Rey de Francia para vivir a lo grande, en este, Adolf Hitler se tiraba de los pelos cada vez que le recordaban que su hermanastro Aloysius vendía cerveza y salchichas bajo el apellido familiar.

¡Unas bravas, Aloysius!


No obstante, lo tradicional era que la ayuda de los hermanos famosos consistiera en el mero hecho de ser, estar o existir. Como mucho una bolsa con guineas a final de mes sub conditione de no asomar la jeta sin permiso. Lo que no se había visto hasta ahora es lo de familia Cruz. El benjamín, un aprendiz de cantante llamado Eduardo, de carrera marginal y soterrada fama, ha solicitado a sus hermanas mayores -Pe y Mo, Mo y Pe- que promocionen sus canturreos con un festival de arrumacos sáficos. En lugar de mandarlo a escardar cebollos con rastrillo, las hermanitas se han vestido de pendones enorejados y, con la excusa de interpretar a las dobladoras de una película pornográfica, se han entregado al magreo más solidario y familiar.


Pe y Mo, Mo y Pe, o vaya usted a saber

Luego dirán los obispos que la familia está en crisis.

¡Ni por pienso!

Esto es mucho mejor que vender salchichas.
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