Hace un par de meses, mi padre me entregó una bonita piedra de color gris acerado que le habían, a su vez, regalado en un taller de orfebrería. Como no sabía qué hacer con el pedrusco, decidí reconvertirlo en amuleto y llevármelo a las entrevistas de trabajo por ver si atraía la buena suerte.
¿Que si funciona? No sabría decirles. Soy poco supersticioso y de amuletos no entiendo mucho, pero sospecho que sentir los efectos de una feroz descomposición intestinal en plena entrevista, no es el mejor indicio de su efectividad.
A partir de mañana, el chinarro oficia de pisapapeles. Es más seguro.
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jueves, diciembre 03, 2009
El Amuleto
Categorías: geología, suerte, yo mismo y mi circunstancia
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