lunes, enero 08, 2007

Meme lector

Hace cosa de un mes, Fernando*, me traspasó un meme literario. Como soy muy dejado lo aparqué en el cajón de trabajos pendientes y se me olvidó. Pero comoquiera que hoy sí me he acordado voy a responderlo.

Consiste en tomar el libro que se esté leyendo, abrirlo por la página 123 y citar la quinta frase. En mi caso, echaré mano de los libros que estoy leyendo, pues tengo la perniciosa y esquizofrénica costumbre de tener siempre más de uno entre manos.

Las antedichas quintas frases son:

"En virtud de su alianza acudieron en ayuda de los atenienses jinetes tesalios que durante la acción se pasaron a los lacedemonios."

"Les embaleurs ukrainiens entraînaient leurs charges vers ces tas et les forçaient à s'allonger dessus ou à côté; les hommes du peloton s'avançaient alors et passaient le long des filles de gens couchés presque nus, leur tirant à chacun une balle de mitraillette dans la nuque; il y avait trois pelotons en tout."

"Algunos pacientes comprendían esto, tenían premoniciones... pero otros no."

Precioso: guerras, enfermedad y ejecuciones. Debería escribir algo que me rehabilite como persona medio normal. Ah, ya sé:

"Artículo 123:

El reconocimiento de un hijo mayor de edad no producirá efectos sin su consentimiento expreso o tácito."

Por lo menos en ese no se muere nadie.

P.D.: ¿Alguien se siente tan deliciosamente friqui como para ser capaz de identificar los fragmentos citados?

ACTUALIZACIÓN y PISTAS

El primero lo ha identificado correctamente Suri-Kata. En efecto se trata de la "Historia de la Guerra del Peloponeso" de Tucídides.

El segundo es más complicado. Os dejo como pista que ha sido la gran sorpresa editorial del año 2006 en Francia, donde ha ganado un prestigioso premio literario que lleva el apellido de dos ilustres hermanos, literatos franceses decimonónicos. Para más inri, el autor no es francés, luce pendiente de arito en el lóbulo y vive en Barcelona.

Sobre el tercero valgan como pistas que no es una novela, que el autor es un célebre neurólogo clínico estadounidense y que el título es sumamente sorprendente, casado y con sombrero.

La última cita, cómo no, es el artículo 123 del Código Civil. Punto friquiencantador para Anita.

domingo, enero 07, 2007

Marcas blancas

Los fabricantes de ciertos productos de difícil individualización como la leche o el zumo lo hacen mucho: comercializan una parte de su producción con una marca propia a la que asocian un aura de calidad o prestigio y otra bajo marcas blancas o de distribuidor dirigidas a un público más pedestre y sensible a los aprietos presupuestarios. De este modo consiguen cubrir un mercado mucho mayor. No obstante, el producto es idéntico, sólo cambia el embalaje.

Pues bien, una audaz investigación de "El Achab - Diario Independiente del Mediodía" ha descubierto que "Papá Noel" es una marca blanca de los "Reyes Magos de Oriente" (o viceversa). No son vanas especulaciones sin fundamento: tengo pruebas que lo demuestran.

Resulta que, en Nochebuena y por intermediación de los Starbuck (marido y mujer), el barbudo lapón dejó detallitos a todos los comensales. Los regalos iban envueltos en un vistoso papel rosáceo de plateado envés. Pues bien, los presentes que los Magos han dejado en casa de mi abuela para beneficio de todos sus nietos han llegado envueltos en un vistoso papel plateado de rosáceo envés. Todo un canto a la reversibilidad y el reciclaje.

Informados quedan. Habrá que esperar al año que viene para realizar más investigaciones, pero no parece aventurado deducir que Santa Claus sea Melchor con relleno o que Gaspar haga horas-extra como elfo rubicundo. Más complicado es averiguar qué papel tiene Baltasar en esta conjura, porque un negro con turbante lo tiene complicado para no dar el cante en Laponia. ¿Le tocará acaso hacer de reno?

viernes, enero 05, 2007

Reyes Magos


Cuando era pequeño mi padre me llevó al Corte Inglés a depositar en el Buzón Real mi carta a "Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente". Dicho buzón era un mueble alargado de color amarillo dorado y decoración arábiga que, a tres diferentes alturas, presentaba rendijas con el nombre de cada uno de los reyes: la superior para Melchor, la mediana para Gaspar y la inferior para Baltasar.

Llegado allí comencé a preguntarme dónde sería más provechoso arrojar mis peticiones. Como yo era un niño repelente y observador decidí inspeccionar el mueble antes de actuar. De este modo, descubrí que no existía separación entre las alturas y que todas las cartas caían entremezcladas al cajetín inferior. Esto hubiera bastado para decidir en favor de Gaspar (la altura más cómoda) si no se hubiera tratado de magos. Los caminos de la magia son intrincados y tal vez existiera un encantamiento que permitiera a los monarcas averiguar en qué buzón se depositó la carta.

Como ni agacharse ni ponerse de puntillas son esfuerzos demasiado onerosos cuando uno es un rapazuelo de 6 años interesado en maximizar sus potenciales regalos decidí observar el comportamiento del resto de la muchachada. Un rápido recuento, me permitió observar que el 90% de las cartas se las llevaba Melchor y el otro 10% Gaspar (ese tirón que tienen los arios) mientras que Baltasar era sistemáticamente ignorado. Yo lo entendía, un blanco pintado de negro con labios grotescamente hidrópicos y enrojecidos da un poco de grima. Pero esto eran negocios: si conseguía los servicios exclusivos de un Mago de Oriente lo mismo me daba que que se pintara de blanco, negro o verde fosforescente. Así pues, me acerqué al buzón, me agaché y dejé mi misiva al cuidado del Rey negro.

No conseguí el coche teledirigido, mi madre temía por la indemnidad de sus muebles y contra el temor materno la magia es impotente, pero los resultados fueron suficientemente buenos: Baltasar se ganó mi fidelidad vitalicia. Quede, pues, bien claro: si algún día le hago al mundo la mala pasada de reproducirme, puedo asegurar a mis hipotéticos retoños que sus regalos se los traerá un Rey Mago nubio, zumbón y embetunado. Como debe ser.

jueves, enero 04, 2007

Entrada interrupta

Acabo de subir del cuarto trastero y, por el polvo que me he traído de vuelta, parece que vengo de celebrar juntos todos los miércoles de ceniza del siglo presente. Sin embargo, suciedad aparte, he vuelto con las manos vacías. Una lástima, porque yo les tenía preparada una entrada gloriosa.

Les iba a contar que, cuando era pequeño, mi padre, alarmado por mi entusiamo por los mitos paganos, el egipto de los faraones y los sacrificios humanos en la América precolombina, quiso suscitar en mí el temor de Dios y me regaló un tomo de considerable tamaño titulado "La Biblia Ilustrada para Niños". Ciertamente el libro estimulaba el temor de Dios que era un gusto: sus dibujos, de estilo hiperrealista te dejaban bien claritas las consecuencias, tirando a malas, de ofender a Yahvé. Para mí que el ilustrador iba leyendo el Antiguo Testamento y cuando se topaba con versículos adecuados del tipo de "Tomó tres dardos y los clavó en el corazón de Absalón, que aún seguía vivo" (Sam II, 18, 14) se decía a sí mismo: ¡A ilustrar, a ilustrar, que esta tiene gancho!

Claro, a mí aquello me encantaba: era el complemento ideal a los sacrificos aztecas y las barrabasadas olímpicas. Si cierro los ojos aún puedo recordar qué ropa llevaba Jehú cuando pisoteaba a Jezabel con el carro, cómo era el árbol del que colgaba Absalón o qué largo tenía el cuchillo con que Abraham se disponía a degollar a su hijo.

En fin, si al final aparece la Biblia, lo mismo ha sido donada a mis primos para que se conviertan a la fe de Israel, prometo hacerle fotos. Esta entrada ganaría mucho si pudieran ver a Jezabel mordiendo el polvo, Holofernes perdiendo (literalmente) la cabeza o San Esteban escupiendo dientes mientras le lapidan.

miércoles, enero 03, 2007

Hombre de la plaza

Cuando mi abuelo materno era un zagal manchego y zascandil observaba con envidia a los ancianos que entretenían sus abundantes horas de ocio sentandos al sol en la plaza del pueblo. Dicho modo de vida le parecía muy satisfactorio a mi antecesor, que lo reputaba muy superior a deslomarse cargando sacos o quebrarse el espinazo escardando malas hierbas. Por eso, cuando alguien le preguntaba qué quería ser de mayor, él siempre respondía:

- Hombre de la plaza.

Sin embargo, a riesgo de contradecir las agudas reflexiones de mi abuelo, ser "hombre de la plaza" tenía sus incomodidades. Concedo que es óptimo oficio cuando el tiempo acompaña, pero en invierno se te puede congelar el antifonario y en verano freir la sesera en salsa de boina.

Afortunadamente, el progreso ha acudido en auxilio de tan necesitado colectivo. El domingo, durante mi excursión consumista, comprobé que los centros comerciales modernos incluyen plazuelas techadas con palmeras de plástico, cómodos bancos, calefacción y aire acondicionado. En cada banco, tres o cuatro provectos ciudadanos, parlotean de sus asuntos y observan a la concurrencia en ideales circunstancias climatológicas.

Ahora sí. Yo de mayor también quiero ser "hombre de la plaza".

martes, enero 02, 2007

Herencia

El fraile agustino Gregor Mendel necesitó pasar años comiendo guisantes para intuir las leyes que rigen la herencia en dicha legumbre. Un servidor de ustedes, con menor disponibilidad de tiempo, ha debido bastarse con observar a sus parientes durante las comidas y cenas familiares que por estas fechas abundan. Pero, a pesar de la precariedad de medios, mi conclusión no es menos importante para la ciencia: sepan, señores, que la socarronería y la mala uva son hereditarias entre los varones de mi especie.

Ahora les cuento cómo ha podido saberse. Estaba mi abuela escuchando las brumosas declaraciones con que se despachó el otro día el señor Presidente del Gobierno a cuenta de la bomba de Barajas mientras uno de mis primos, ocho añitos tiene la criatura, se dedicaba a dibujar animales salvajes. Mi abuela, indignada con la falta de claridad y escasa contundencia del político e imbuida de espíritu veterotestamentario (esa es la parte que heredan las hembras de mi raza), clamó con fuerza:

- ¡Señor, qué habremos hecho para merecer a este hombre!

Mi primito, sin levantar la vista de sus bichos, respondió:

- Votarle.

Estoy pensando que lo mismo, cuando crezca, le dejo pilotar el barco. Parece que apunta maneras.

lunes, enero 01, 2007

Año polar


Acabo de enterarme por la radio que el año 2007 ha sido declarado Año Polar Internacional. No sé si eso quiere decir que va a hacer mucho frío, que comeremos helados de palo o que vestiremos de Ralph Laurent, pero en cualquier caso, ¡Feliz Año Polar a todos ustedes!

P.D: Conforme entra el año se acaban mis escuetas vacaciones. No me hagan mucho caso, pero eso no puede ser un buen augurio.