Mostrando entradas con la etiqueta mala vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mala vida. Mostrar todas las entradas

viernes, abril 17, 2009

Wódka Żołądkowa Gorzka


El viernes pasado me llegó desde Polonia una botella de vodka amargo. Comoquiera que mi consumo se había limitado al sorbito de prueba y los regalos deben tratarse con mayor cortesía, ayer me decidí rematar la jornada con un chupito de buenas noches.

Mi madre y mi abuela me rodearon con semblantes compungidos:

- Algunos alcohólicos empezaron bebiendo un vasito de vodka.

- ¡Ay, qué pena! ¡Qué pena!

- Al día siguiente se sirvieron dos. Al otro tres.  Al poco querían cuatro ya y acabaron por beberse la botella de un trago.

- ¡La botella! ¡Ay, qué pena!

- Un vecino de la farmacia es alcohólico.

- ¡Escóndele ese veneno! ¡Escóndeselo!

- Cuando se vaya a dormir lo tiro por el fregadero.

- ¡Ay qué pena!

Hay una lección que aprender de todo esto. Si no quiero que el alcohol de importación arruine mi salud más me vale comprar un billete de avión y bebérmelo en el lugar de origen.

lunes, abril 21, 2008

Malas vibraciones


Entre los muchos cómics que mis tíos se dejaron en casa de mi abuela había un número de Conan el Bárbaro que releí hasta su práctica desintegración. El protagonista y una exuberante bailarina de vestuario mínimo se introducían en el templo de una aborrecible deidad. Conan posaba el pie sobre la escalinata del templo y, acto seguido, lo retiraba asqueado. Sus finos instintos de guerrero semisalvaje habían percibido el dolor de las miles de víctimas allí arrastradas al sacrificio.

Hoy, una de las secretarias se ha traído a su niña de visita a la Academia. Ha sido pisar el umbral de la misma y la nena ha estallado en un llanto incontenible e inconsolable que ha persistido hasta sacarla su madre del edificio.

Serán finos instintos de guerrero semisalvaje, pero los niños de hoy los llevan de serie.
.


sábado, febrero 02, 2008

Entrenamiento

La historia sucedió hace un par de lustros.

Quedaba un par de horas para la celebración de los campeonatos italianos de ciclismo. El favorito, Gianni Bugno, estaba ilocalizable. La noche anterior había abandonado el hotel en compañía de una bella compatriota y, desde entonces, no se había sabido de él. Poco antes de comenzar la prueba, el deportista se presentó en la salida. Ignorando los gritos de su entrenador, Bugno subió a la bicicleta, comenzó a pedalear y se proclamó vencedor.

Como le gane a mi hermano el partido de tenis que jugaremos dentro de media hora me compro una camiseta con los colores de la bandera italiana.

Ya sé que una botella de ron no es lo mismo que Miss Italia, pero, admitámoslo, mi hermano tampoco es el Mortirolo.
.