El matemático indio Srinivāsa Aaiyangār Rāmānujan falleció de tuberculosis a los treinta y dos años de edad. Godfrey H. Hardy, catedrático de matemáticas en Cambridge y admirador incondicional del joven Rāmānujan, acostumbraba a visitar al convaleciente y aliviar su padecimiento parloteando de números:
- El taxi que me ha traído a tu casa tenía un número de licencia francamente aburrido. 1729.
- ¡Qué va! - discrepó el enfermo- Se trata de un número muy interesante. Es el número más pequeño que pueda descomponerse como la suma de dos cubos en dos maneras diferentes.
Rāmānujan no deliraba: 93 + 103 = 13 + 123 = 1729
Esta mañana se ha efectuado el sorteo que determina, en mis oposiciones, el orden de comparecencia ante el tribunal. Así, a bote pronto, puedo afirmar que mi número es capicúa, múltiplo de tres y que me examino en Sevilla a principios de verano.
Sí, ya sé que lo del indio impresionaba más... pero yo soy de letras.
