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jueves, junio 25, 2009

Momio

El añorado Jaime Campmany alertaba de cuán peligroso es fiarse de las apariencias con unos versitos jocosos de inspiración lorquiana:

"Y que yo me la llevé al río
pensando que era mozuela
y resultó ser un tío
que por poco me la cuela."

Lo de menos es el río, que puede ser igual el Hudson que el Nilo, pues el problema es tan antiguo como universal. Lean la historia que sigue y lo comprobarán.

Una de las piezas más populares del Museo de Brooklyn, en Nueva York, era la momia de Lady Hor, fiambre nilótico de tres mil años de antigüedad en perfecto estado de revista. Los arqueólogos sabían el nombre de la moza por venir grabado en su sarcófago antropomorfo; el sexo se tenía por cierto por carecer éste de barba, presentar rasgos suaves, abultado pecho y, en general, una pinta de jai como para invitarla a la última copa en el ático de tu pirámide.


Será por el rigor mortis, pero el lino me roza la entrepierna

Los conservadores del museo, por mejor saber de su inquilina y averiguar el motivo de su muerte, la sometieron a una resonancia magnética. No se pudo hallar la causa del óbito pero sí el equipamiento completo del macho de la especie entre las piernas del cadáver. Toda una sorpresa para los arqueólogos que no llegó a susto por conservar la momia las vendas en su sitio y no mostrar indicios de haber muerto por sobredosis de viagra.


No os lo vais a creer, pero esa momia me está poniendo ojitos

A partir de ahora, la momia pasará a llamarse Hor a secas. Todo el que haya visto una peli de serie B conoce las malas pulgas que se gastan los egipcios en conserva y no es cuestión de provocar al difunto cuestionando su virilidad. Después de tres mil años de siesta lo mismo se despierta retozón.

Y que yo me la llevé al Nilo,
pensando que era mozuela
y resultó ser un tío
de las afueras de Tebas.