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domingo, julio 18, 2010

Simón, el presidente muerto



Achmed, el terrorista muerto, es una de las más populares marionetas del ventrílocuo estadounidense Jeff Dunham. El infortunado Achmed, fallecido por culpa de un molesto problema de detonación precoz, tiene tres notables ventajas sobre sus compañeros de profesión: es suave, es divertido y resulta completamente inofensivo.

Amparándose en tan notables cualidades, Achmed era hasta la fecha, el más celebre esqueleto del mundo del espectáculo. Poco tiempo le queda a su reinado; en Venezuela le están preparando un sucesor. A las once de la noche de ayer, las televisiones venezolanas en pleno interrumpieron su programación para que el inefable presidente de la República Bolivariana de Venezuela, don Hugo Rafael Chávez Frías, retransmitiera en directo la apertura del féretro de Simón Bolívar, libertador de las Américas y héroe epónimo del chiringuito tropical del camarada Chávez.


El momento cumbre del espectáculo llegó cuando la cámara enfocó la osamenta del prócer difunto. En un acceso de patriotismo psicodélico, el sátrapa superior del Orinoco no se privó de exclamar:

- "¡Viva Bolívar! No es un esqueleto, es el gran Bolívar que ha vuelto."

Después, con más serenidad, elaboró la idea:

- "Dios mío, Dios mío; Cristo mío, Cristo nuestro, mientras oraba en silencio viendo aquellos huesos, ¡pensé en ti! Y cómo hubiese querido y cuánto quise que llegaras y ordenaras como a Lázaro: levántate Simón, que no es tiempo de morir. ¡De inmediato recordé que Bolívar vive!"

También Achmed sostiene que no está muerto y que lo suyo es una herida superficial, pero, seamos sinceros, al moro de felpa le falta la gracia y facundia que derrocha el gran desenterrador del Caribe.

Yo, en el pellejo de Chávez, engarzaba los huesos del finado, aprendía a chamullar con los michelines y nombraba al difunto Simón Bolívar presidente del gobierno y ministro portavoz. Su país seguiría manga por hombro, pero los teatros de medio mundo se lo iban a rifar.

miércoles, junio 16, 2010

lunes, marzo 15, 2010

Crónica negra

En ocasiones, la frontera entre la crónica negra y el humor negrísimo la marca una preposición equívoca.



¡Perra suerte la mía! Me paso la vida entre esas dos provincias y no me ha tocado ni un mísero cacho.

viernes, noviembre 06, 2009

¡Carchuto!

Uno de los chistes más viejos y con menos gracia que recuerdo narra las peripecias de un soldado incapaz de pronunciar correctamente la palabra "cartucho", la cual transformaba siempre en "carchuto". Harto de escuchar semejante engendro fonético, el capitán encarga al sargento que corrija al recalcitrante soldado.


Los dos militares de graduación inferior se apartan del pelotón y comienza la tutoría:

-Cartucho.

-Carchuto.

-Car-tu-cho.

-Carchuto.

-¡¡¡CAR-TU-CHO!!!

-Carchuto.

Tres horas más tarde, el sargento se persona ante el capitán:

- Mi capitán, misión cumplida. El soldado ya sabe decir carchuto.


Será por la ambientación militar o porque tengo un talento especial para hacer chistes sobre temas inconvenientes, pero cuando he leído que el autor de la matanza en una base militar estadounidense era el psiquiatra encargado de tratar el estrés postraumático de los soldados que volvían del frente, no he podido evitar pensarlo.

Seguro que les enseñaba muy bien a decir "carchuto".