Hace unos cuantos añitos, un avispado norteamericano llamado Dane Carlson inventó una inútil pero divertida aplicación que asignaba a cada bitácora de la red un valor en dólares. Dicho valor se calculaba a partir de una serie de parámetros tales como el tráfico de la página, su antigüedad o el número de enlaces que a la misma conducen.
Picado en el amor propio introduje la dirección de este almacén de curiosidades y recibí la más humillante de las respuestas. A juicio del señor Carlson y según sus sesudos cálculos mi página valía cero dólares de chocolate con cero centavos de vellón.
Uno trata de no fustigarse mucho con estos pequeños fracasos blogueriles. A fin de cuentas, la función de esta página no va más allá de entretener mis descansos y alegrar el ocio de mis ocasionales lectores. Olvidéme por tanto de Mr. Dane y su programita para seguir metiendo el pulgar en el ojo ajeno, desempolvar antiguas consejas y, en general, "difundir la mala literatura por entregas".
No obstante, ayer, por casualidad, volví a topar con el invento del yanqui. Atrevido e inconsciente, introduje de nuevo mis datos y ¡tachán!:
My blog is worth $20,887.98.
How much is your blog worth?
Ya sé que nadie va a aflojarme la mosca y que tan pobre soy hoy como antesdeayer lo era.
No obstante, me siento vengado.
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