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viernes, junio 06, 2008

Dinero, dinero

Cual si fuera un fervoroso acólito de Juno Moneta, no paro, de un tiempo a esta parte, de hablar de dinero. Aprovechando la racha y como hace bastante tiempo que no me tiro el pisto a conciencia voy a descargar de mi conciencia una vieja frustración bloguera.

Hace unos cuantos añitos, un avispado norteamericano llamado Dane Carlson inventó una inútil pero divertida aplicación que asignaba a cada bitácora de la red un valor en dólares. Dicho valor se calculaba a partir de una serie de parámetros tales como el tráfico de la página, su antigüedad o el número de enlaces que a la misma conducen.

Picado en el amor propio introduje la dirección de este almacén de curiosidades y recibí la más humillante de las respuestas. A juicio del señor Carlson y según sus sesudos cálculos mi página valía cero dólares de chocolate con cero centavos de vellón.

Uno trata de no fustigarse mucho con estos pequeños fracasos blogueriles. A fin de cuentas, la función de esta página no va más allá de entretener mis descansos y alegrar el ocio de mis ocasionales lectores. Olvidéme por tanto de Mr. Dane y su programita para seguir metiendo el pulgar en el ojo ajeno, desempolvar antiguas consejas y, en general, "difundir la mala literatura por entregas".

No obstante, ayer, por casualidad, volví a topar con el invento del yanqui. Atrevido e inconsciente, introduje de nuevo mis datos y ¡tachán!:




My blog is worth $20,887.98.
How much is your blog worth?



Ya sé que nadie va a aflojarme la mosca y que tan pobre soy hoy como antesdeayer lo era.

No obstante, me siento vengado.
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viernes, noviembre 16, 2007

De cómo por envidia se perdió la China

Habíamos dejado ayer al señor Chonghuan en la cúspide de su gloria: desde los más oscuros escalones del funcionariado, el habilidoso mílite se había elevado a lo más encumbrado de la sociedad imperial. Tan rápido ascenso, no obstante, atrajo muchas miradas y no todas amistosas.

Con justo odio le miraba el sucesor de Nurhaci, Huang Taiji. Motivos no le faltaban. En primer lugar, Yuan era el principal responsable de la muerte de su padre, cañoneado en el campo de batalla. Por añadidura, desde que Yuan comandaba los ejércitos del norte, los antaño invencibles manchúes no paraban de perder batallas, prestigio y terreno. Más injusto era el rencor que le profesaban los eunucos de la corte, quienes, después de haberse dejado los huevos -literalmente- al servicio del emperador contemplaban apesadumbrados como el advenedizo militar los aventajaba en fama, riqueza y honores.

Huang Taiji poniendo cara de malo

Tras varios reveses en el campo de batalla, el manchú se hartó de jugar limpio. Mandó escribir amistosas cartas a su enemigo, las firmó con su sello personal, las acompañó de oro y regalos y las envío... a los eunucos de la corte. Los envidiosos cortesanos, ansiosos por librarse del exitoso militar, presentaron las cartas al estupefacto emperador. Este, creyendo haber descubierto la más reprobable de las traiciones, condenó al acusado a la más horrible de las muertes: el Líng Chí o suplicio de los mil cortes.

¿Tortura china? ¿Alguien dijo tortura china?

Antes de ser ritualmente mutilado, Chonghuan se permitió la chulería de dictar un poema de despedida:

"El trabajo de toda una vida ha de quedar inconcluso. /Mi fama y mi gloria parecen cosa de sueños. / Sin embargo, no me preocupa que tras mi muerte falten guerreros, / pues mi fiel espíritu seguirá protegiendo Liaodong."


En chino, el poema no sólo suena mejor. Además rima.


Lo malo es que los espíritus, por fieles que sean, no disparan cañones. Los manchúes sí.

En 1643, pocos años después de su muerte, los ejércitos de Fulin, hijo favorito de Huang Taiji, tomaban Pekín.