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miércoles, octubre 20, 2010

El ascenso

En la antigua China, dedicarse a la política de altos vuelos exigía dolorosos sacrificios: la cercanía al emperador era la clave de una exitosa carrera y nadie estaba más próximo al emperador que los eunucos imperiales. Así pues, si un avispado ciudadano deseaba medrar en el servicio público, más le valía echarle pelotas al asunto y guardarse las suyas en un frasco.

Hasta la fecha, ningún político patrio ha tenido que recurrir a tales extremos. Cierto que los equipos de gobierno presididos por José Luis Rodríguez Zapatero siempre se compusieron de un número igual de hombres que de mujeres y que el leonés putativo insistía mucho en lo necesaria que era dicha igualdad, pero ningún maromo consideró que la ocasión de medrar mereciera mermarse la entrepierna.

Sin embargo en el Consejo de Ministros se sentarán, a partir de mañana, nueve hombres por tan sólo siete mujeres. Sinceramente, ¿se imaginan ustedes a José Luis apeándose del burro? Yo no.

Y todavía habrá quien felicite a Rubalcaba por su súbito ascenso...

jueves, febrero 11, 2010

Dragon City


Cuesta abajo en la rodada creo que, por fin, he tocado fondo: anoche se negaron a servirme en un restaurante chino medio vacío -Restaurante Dragon City, calle Azcona nº30- por no pedir suficiente comida.

Yo pensaba que el nombre del restaurante intentaba atraer la buena suerte invocando al auspicioso dragón. Parece ser que no, lo del bicho sulfuroso es una ajustada descripción del carácter de la propietaria, la cual podía entender que yo me pasara con una cerveza y un plato de wan-tun frito, pero encontraba inadmisible que mi acompañante sólo quisiera un rollito de primavera y una botella de agua mineral:

- ¡Esto no es un bar, es un restaurante! La calle está llena de bares. No se puede cenar un rollito. Vete a un bar.

Una línea de pensamiento muy estirada para unos tipos que aparcan la moto de reparto en medio del comedor. El razonamiento es, además, un poco extraño: en el restaurante "Dragon City" no hay mesas individuales, un cliente solitario ocupa el mismo espacio que una pareja y la suma de los dos pedidos excedía el coste de un menú individual.

Misterios del pensamiento oriental... En cualquier caso, si querían honrar a la diosa madre del oeste ofreciéndole el sacrificio perpetuo de un cliente habitual, lo han conseguido.

lunes, abril 06, 2009

Padre acupuntor, hijo acupuntor


¡Albricias, Alvar Fáñez! Mi madre ha levantado el veto que prohibía hablar de su persona en esta bitácora.  Por si acaso se arrepiente, aprovecharé para contar su primera experiencia con la medicina oriental. 

Mi querida progenitora padece un recurrente dolor nervioso en la pierna. Tras comprobar cómo la medicina occidental se quedaba sin ideas para sanarle la pata, ha decidido concederle una oportunidad a la milenaria sabiduría del celeste imperio.  Para alguien que lleva tres décadas vendiendo aspirinas y linimento Sloan resulta duro pasarse al polvo de huesos de dragón y los emplastos de grasa de tigre. Una ciática crónica es, sin embargo, un gran recurso para lograr conversiones. Dos veces por semana, mi madre se traslada a Alcorcón, donde un acupuntor chino de gramática imposible, emplea sus corvas a modo de alfiletero. 

Cualquier otro que tuviera a un misterioso sanador oriental clavándole agujas en el pandero trataría de ganarse sus simpatías. Mi madre, que está dispuesta a asumir riesgos personales si es en beneficio de la ciencia, aprovecha para interrogar al acupuntor sobre su arte: 

-         Oiga, ¿para esto de clavar agujas ha estudiado algo o las va poniendo ahí al buen tuntún?

 -         Acupuntol chino.

-         ¿Y esto te cura igual aunque pienses que es un cuento chino? 

-         No cuento chino. Acupuntol chino. 

-         Pues hay españoles que lo hacen también. 

-         Españoles, fácil. Stless, stless, aguja oleja. Yo difícil, yo lesiones, constlucción tleinta años espalda, yo acupuntol chino. 

-         Pues ahora hay muchas niñas chinas adoptadas por españoles. 

-         Padle acupuntol, hijo acupuntol. Apellido. Hija no apellido, no acupuntol. Sólo un hijo. Comunismo. No hija. Comunismo, repalto. Un hijo. 

-         ¿Mao-Tse-Tung

-         No Mao-Tse-Tung. Padle acupuntol, hijo acupuntol

-         Y a todo esto… ¿cómo sé yo que no ha usado estás agujas con alguna enferma? Mire que si me contagia algo... 

-         Aguja suya, bote con nomble

-         A ver ese bote… 

Cualquier día de estos el oriental se va a hartar y le va clavar en todo el lomo un par de banderillas negras.  Mientras tanto, lo cierto es que el dolor remite. 

miércoles, diciembre 03, 2008

El tren


En el Tíbet se mira con suspicacia el ferrocarril que une su capital, Lhasa, con Pekín. Los tibetanos que aún se resisten a la sinificación coactiva temen que por el tren les venga una ración doble de comunismo, ateísmo y lengua china que termine de diluir su identidad nacional.

Los terroristas de ETA también están en contra del ferrocarril. Conforme a una tradición muy arraigada en aquel terruño, los heroicos gudaris de Euskal Herría manifiestan su desagrado asesinando ancianos desarmados que se dirigen a echar la partidita de mus. Se preguntarán ustedes qué tienen los matarifes de Vasconia en contra de los trenes. No es difícil de averiguar. Si tenemos en cuenta que los etarras ya son comunistas y Buda no es santo de su devoción tiene que haber sido por lo del chino.

Normal. Con la de horas de ikastola que les habrá costado a esos cráneos privilegiados aprender que "tren", en eusquera, se dice "tren", no me extraña que tiemblen ante la idea de escribirlo en mandarín.

lunes, octubre 06, 2008

El arte de regalar

En Oriente, hacer regalos no es una cuestión baladí. En Japón, por ejemplo, cuando uno recibe un regalo incurre en giri. Giri significa deuda y también obligación. El giri puede perseguirte de por vida y cubrirte de vergüenza, oprobio y humillación. El giri, en definitiva, es muy mal negocio y debe saldarse a la primera ocasión.

Tratándose de regalos, la regla de oro es la siguiente: todo regalo exige la entrega de otro de similares características y valor. Si el regalo de respuesta es demasiado modesto, exhibes una impúdica falta de agradecimiento. Si es demasiado valioso estás insultando a tu benefactor. Más de un japonés empezó aceptando un cigarillo y acabó sacándose el mondongo con una katana.

Para evitar estos problemas, existen tiendas especiales que venden los regalos más comunes identificando su valor con un código de colores. Si devuelves un regalo del mismo color, tu honor quedará a salvo y la gente sabrá que eres un nipón educado, correcto y de buena crianza.

En China, donde tenían un problema parecido, han encontrado una solución mejor. Un regalo universal que satisfaga todos los gustos y evite incurrir en deshonor. El regalo perfecto para toda ocasión.

El envoltorio lo proclama con orgullo:
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REGALO ELEGANTE.
Igualmente adecuado para gustos populares o refinados
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Muy cierto. Si regalas la espantosa tortuga-reloj con declaración de amor en colorines es indiferente que el receptor del regalo sea un estirado eunuco de la corte imperial o un humilde campesino de Cantón.

En cualquiera de los dos casos te lo va a incrustar en tu muy honorable esfínter anal.

lunes, agosto 25, 2008

Alta cocina

En general uno no debiera preocuparse mucho por los animales que pueda manejar un cocinero chino. La cocina del celeste imperio es notablemnte sincrética y poco discriminatoria. Si un bicho es lo suficientement elento o torpe como para ser atrapado lo procedente es bañarlo en salsa de ostras y servirlo con arroz.

No obstante, después de ver cómo el camarero de mi restaurante chino habitual entraba en la cocina sujetando un lagarto de goma y partiéndose de risa, he decidido que el próximo almuerzo barato lo consumiré en el McDonald's. La goma con brotes de soja combina fatal.

martes, marzo 18, 2008

¡Mamá, mamá, me ha pegado un monje budista!

A veces resulta difícil saber qué ocurre en la otra esquina del globo, ya que la distancia y las barreras culturales nublan y dificultan nuestra visión. Por eso, para un mejor conocimiento de la realidad lejana lo mejor es preguntar a un especialista. ¿Que uno quiere saber qué se cuece tras los disturbios del Tíbet? Pues nada mejor que preguntar al embajador de China, que te lo aclara en un momentito:

- "El día 14, un pequeño grupo de elementos criminales, provocó disturbios violentos en Lhasa, incendió tiendas, escuelas y atacó personas inocentes. Murieron diez personas. Todos eran inocentes. Después, el Gobierno tomó medidas para controlar la situación. Las fuerzas del orden mantuvieron una actitud de autocontrol y no utilizaron armas que pudieran causar la muerte. [...] Detrás de estos disturbios está el Dalai Lama."


Monje budista atizando a una pacífica comerciante de espadas.


Que quede bien claro. Una panda de peligrosos monjes budistas acaudillados por el Premio Nobel de la Paz ha arrasado la capital del Tíbet. El ejército chino, con riesgo para la vida de sus soldados, ha optado por calmar a los violentísimos clérigos con armoniosos cánticos y poemas de Du Fu. Tamaña exhibición de equilibrio espiritual ha devuelto el Tíbet a la normalidad.

Para que luego la gente piense mal del Gobierno chino. Todo por no molestarse en preguntar.
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lunes, marzo 10, 2008

I Ching redux

Hoy la tradición exige analizar el resultado de las elecciones generales. No obstante, como luego andan diciendo por ahí que se me ve mucho el plumero y me pierde más la afición que a un hincha del Atleti he decidido delegar la responsabilidad. El análisis se lo va a realizar el milenario libro oracular de la China antigua: el I Ching. Por si no están familiarizados con las elucubraciones filosóficas del Celeste Imperio les resumo el método. Se lanza seis un veces un terceto de monedas chinas. Cada combinación de resultados se corresponde con un signo oracular y éste con una serie de epigramas, recomendaciones o consejos.

Yo he lanzado las monedas y me limito a transcribir la sentencia de los sabios orientales conforme a la edición canónica de Richard Wilhem.

44. Kou / El Ir al Encuentro

"El Ir al Encuentro. La muchacha es poderosa.
No debe uno casarse con semejante muchacha."

El ascenso de lo vulgar queda bosquejado como imagen de una descarada muchacha que se entrega con ligereza, arrebatando de este modo para sí el dominio de la situación. [...] Lo vulgar ofrece una apariencia tan inocente y es tan adulador que suele causar alegría. Su aspecto es tan pequeño y débil que uno cree que puede gastarle bromas sin preocuparse.

Así el hombre vulgar se encumbra únicamente porque el noble lo considera inofensivo y le otorga poder. [...]

Líneas mutables

"Hay que frenarlo con galga de bronce.
La perseverancia trae ventura.
Si uno lo deja seguir su curso, sufrirá desventura.
También un cerdo flaco tiene propensión
a embravecerse y causar estragos"

Cuando subrepticiamente se haya introducido un elemento inferior es necesario ponerle freno de modo inmediato y con energía. [...] Si se le deja curso libre, sobrevendrá ciertamente la desgracia. No debe uno dejarse seducir y tomar a la ligera aquello que se va introduciendo furtivamente por considerarlo de poca monta. Mientras un cerdo es todavía flaco y joven no podrá alborotar gran cosa, pero una vez que haya devorado lo suficiente como para saciarse y fortalecerse, cobrará vigencia su verdadera naturaleza si con anterioridad no se le han impuesto las debidas restricciones.

"En el recipiente hay un pez. Ningún defecto.
No es propicio para huéspedes."

Si al elemento bajo no se le aplica violencia sino una mansa vigilancia nada debe temerse. Pero es preciso cuidar que no vaya a juntarse con personas extrañas, ya que -dejado en libertad- desplegará con desenfreno sus malas inclinaciones.

"Va al encuentro usando los cuernos.
Humillación. No hay tacha."

Hay a menudo gente que, con noble orgullo, se mantiene alejada de lo vulgar, rechazándolo con brusquedad dondequiera que salga a su encuentro. A tales hombres se les tilda de orgullosos e inaccesibles, mas dado que no se hayan atados al mundo por deberes de acción esto no tiene mayor gravedad. Ellos saben sobrellevar con entereza la animadversión de la muchedumbre.

49. Ko. La Revolución

"La Revolución.
En tu propio día encontrarás fe.
Elevado éxito, propicio por la perseverancia.
Se desvanece el arrepentimiento."

Las revoluciones estatales son algo sumamente grave. Hay que recurrir a ellas únicamente en caso de extrema emergencia, cuando ya no queda otra salida. No cualquiera está llamado a ejecutarlas, sino aquel que goza de la confianza del pueblo, y éste sólo cuando haya llegado la hora. Debe procederse del modo adecuado a fin de conseguir la simpatía del pueblo y evitando los excesos y extralimitaciones. Por otra parte es necesario que uno esté libre por completo de motivos egoístas y realmente subsane la miseria del pueblo. Únicamente así no habrá nada de lo que arrepentirse. De este modo fueron las grandes revoluciones que en el transcurso de la historia consumaron los soberanos de T'ang y Wu.


El oráculo ha hablado. Que cada cual interprete lo que quiera.

Yo, por mi parte, me retiro al bosquecillo de bambú a beber té de cerezas y acordarme de los muy honorables antepasados del sabio chino que inventó la adivinación con monedas y escribió el puñetero "I Ching" de las narices.
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viernes, noviembre 16, 2007

De cómo por envidia se perdió la China

Habíamos dejado ayer al señor Chonghuan en la cúspide de su gloria: desde los más oscuros escalones del funcionariado, el habilidoso mílite se había elevado a lo más encumbrado de la sociedad imperial. Tan rápido ascenso, no obstante, atrajo muchas miradas y no todas amistosas.

Con justo odio le miraba el sucesor de Nurhaci, Huang Taiji. Motivos no le faltaban. En primer lugar, Yuan era el principal responsable de la muerte de su padre, cañoneado en el campo de batalla. Por añadidura, desde que Yuan comandaba los ejércitos del norte, los antaño invencibles manchúes no paraban de perder batallas, prestigio y terreno. Más injusto era el rencor que le profesaban los eunucos de la corte, quienes, después de haberse dejado los huevos -literalmente- al servicio del emperador contemplaban apesadumbrados como el advenedizo militar los aventajaba en fama, riqueza y honores.

Huang Taiji poniendo cara de malo

Tras varios reveses en el campo de batalla, el manchú se hartó de jugar limpio. Mandó escribir amistosas cartas a su enemigo, las firmó con su sello personal, las acompañó de oro y regalos y las envío... a los eunucos de la corte. Los envidiosos cortesanos, ansiosos por librarse del exitoso militar, presentaron las cartas al estupefacto emperador. Este, creyendo haber descubierto la más reprobable de las traiciones, condenó al acusado a la más horrible de las muertes: el Líng Chí o suplicio de los mil cortes.

¿Tortura china? ¿Alguien dijo tortura china?

Antes de ser ritualmente mutilado, Chonghuan se permitió la chulería de dictar un poema de despedida:

"El trabajo de toda una vida ha de quedar inconcluso. /Mi fama y mi gloria parecen cosa de sueños. / Sin embargo, no me preocupa que tras mi muerte falten guerreros, / pues mi fiel espíritu seguirá protegiendo Liaodong."


En chino, el poema no sólo suena mejor. Además rima.


Lo malo es que los espíritus, por fieles que sean, no disparan cañones. Los manchúes sí.

En 1643, pocos años después de su muerte, los ejércitos de Fulin, hijo favorito de Huang Taiji, tomaban Pekín.

jueves, noviembre 15, 2007

De cómo un suspenso salvó a la China

Comoquiera que el suspenso es amenaza que acecha a todos los que en estudiar nos empeñamos y que la oposición, como la pólvora y los tallarines es invento del Celeste Imperio voy a aprovechar este espacio para contar una consoladora y verídica historia oriental.

Allá a principios del siglo XVII, el joven Yuan Chonghuan era la desesperación de sus honorables e industriosos progenitores. Por más que se presentaba a las más relumbrantes oposiciones imperiales, el joven Yuan, que se aburría soberanamente memorizando a Confucio y Lao-Tsé, tornaba siempre a casa cargado de calabazas chinas. A él, lo que le gustaba de verdad era viajar, conversar con los misioneros jesuitas y examinar el armamento occidental que importaban los portugueses. Tras mucho insistir, el perpetuo estudiante, que ya contaba 35 años, consiguió aprobar unas oposiciones muy menores: segundo secretario del inspector de artillería del Ejército Imperial.

El nombre del prota en su lengua natal


En virtud de su nuevo cargo, el funcionario novato fue enviado al lejano norte. Allí, las desmoralizadas tropas del Emperador se batían en franca retirada ante la pujante ofensiva del caudillo manchú Nurhaci. En tales circunstancias y con el decadente imperio de los Ming deshaciéndose como un castillo de naipes lo verdaderamente necesario era un milagro. A falta de uno, un poco de inspección no vendría del todo mal.

Sin embargo, fue llegar Yuan al frente y desencadenarse el Apocalipsis. En lo más crudo del duro invierno de 1626, Nurhaci y sus 160.000 aguerridos jinetes atravesaron en tromba la frontera. Contra la horda manchú los asustados militares chinos no pudieron reunir más de 9,000 hombres y unos pocos cañones. Al frente de estos últimos y a falta de artilleros experimentados se situó el inexperto Yuan. Total, ya que iban a morir todos de un modo horrible y deshonroso, que por lo menos el novato se divirtiera con sus trastos favoritos y, de paso, cargara con la culpa del desastre. La decisión torció la mano del destino. Yuan sería un zoquete memorizando proverbios, pero dirigiendo la artillería era un genio. El primer disparo de sus cañones desmontó al caudillo invasor, lo hirió de muerte y puso a sus hombres en retirada.

Nurhaci posando antes de ser cañoneado


¿La suerte del principiante? No. El mediocre opositor ocultaba un militar de primer orden: resuelto, decidido, honesto, y fanáticamente leal al Emperador. Oportunamente elevado al generalato, Yuan Chonghuan reocupó las perdidas provincias de Jinzhou y Liaodong, bloqueó el contraataque manchú y, efectivamente, aplazó unos pocos años el inevitable ocaso de la dinastía Ming.

Hasta aquí el relato resulta muy consolador para aquellos que tenemos tendencia a trabucar artículos del Código Civil y farfullar fragmentos del Reglamento Hipotecario. Sin embargo, la historia de Yuan Chonghuan tiene un triste y descorazonador epílogo.


Pero este ya lo contaré mañana.