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martes, julio 06, 2010

La del pulpo


Emplear animales para adivinar el futuro era práctica común en la antigüedad: donde los arúspices no leían las entrañas de las ocas los augures interpretaban el vuelo de las aves, donde los brujos no analizaban las conchas de los moluscos los sacerdotes observaban con atención el apetito de los pollos sagrados.

La generalidad de estas prácticas ha caído en desuso pero aún hay quien se aferra a las viejas tradiciones. Según parece, el pulpo Paul, un cefalópodo residente en el acuario de Oberhausen, vaticina con notable precisión los resultados de la selección alemana de fútbol. En general, el bicho les baila el agua a sus anfitriones. Sin embrago, para la semifinal de mañana, el muy ingrato se ha decantado por un triunfo de la selección española.

Ya me veía venir yo que nos iba a caer la del pulpo. Esperemos que haya suerte y sea la del pulpo Paul.

viernes, junio 25, 2010

Motivos para el optimismo

¡Ánimo, muchachos, que esta tarde se clasifica "la roja"!

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Al menos una de las dos.

miércoles, abril 14, 2010

Cineromancia

La cineromancia, que es el arte de adivinar el futuro interpretando las cenizas, es una técnica muy sencilla. La siguiente figura, por ejemplo, sólo admite dos interpretaciones:


O bien anuncia la visita de un hombre moreno o bien señala un exceso de tiempo libre.

domingo, mayo 17, 2009

¿Dónde esta Alejandro?

En el Renacimiento, siglos antes de popularizarse los libros de "¿Dónde está Wally?", el duque Guillermo IV de Baviera y el pintor Albrecht Altdorfer se entretenían jugando a "¿dónde está Alejandro Magno?"



Para que vean lo bueno que soy, les amplío la parte relevante:

El primero que le localice gana un perrito piloto.


Actualización con solución:

Reconozco que no se ve nada, pero ahí le tienen


miércoles, marzo 18, 2009

El repetido caso del asesor malasombra


En el último año de su reinado, el emperador Domiciano mandó llamar a Roma a un arúspice germano que se tenía por infalible. El emperador conminó al adivino a que interpretase una serie de prodigios que venían sucediéndose por la ciudad.  El germano, más fiel al correcto ejercicio de su profesión que a su propia conveniencia, comunicó al déspota que los dioses estaban de morros con él y que era inevitable un cambio en el trono.  Domiciano lo mandó matar de inmediato. 


Entiendo que Domiciano se mosqueara.  Si te dejas una pasta en traerte un adivino desde la otra punta del globo lo menos que puedes pedir es que te diga "ay mi 'arma' qué buena fortuna, qué buena suerte, vas a ser rico y millonario y 'tené' muchos churumbeles".  En cambio, viene el malasombra del boche y le dice que le van a da matarile-rile-rón.  No obstante su falta de delicadeza el alemán era muy bueno en lo suyo. El emperador fue asesinado un par de horas más tarde.

Consultar a los adivinos no está bien visto en los tiempos que corren.  Ahora se lleva más asesorarse por economistas, lo cual no deja de ser una variante del mismo sistema.  El Presidente del Gobierno tiene contratado al doctor Paul Krugman, premio Nobel de Economía, para que de vez en cuando le interprete el vuelo de las aves.  En su última visita a Madrid, el señor Krugman ha comentado que la economía española le da pánico, que el hígado de las ocas sagradas tiene muy mala pinta, que los grajos vuelan bajo y que el futuro nos va a doler.

Desgracia arriba o desgracia abajo,  lo mismo que decía el germano pero con más aparato estadístico.  Esperemos que este tenga peor puntería.