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jueves, junio 03, 2010

Lisístrata Pajín


En su famosa comedia "Lisístrata", Aristófanes ideó una curiosa estratagema pacifista. Hartas de soportar las penurias que la guerra lleva consigo, las mujeres helenas plantean un ultimátum a sus hombres: o firman la paz de inmediato o los dejan a dos velas. A pesar de su homoerótica fama, los soldados griegos llevan fatal la abstinencia que les imponen sus coimas y pronto acceden a suspender las hostilidades.


Cuesta imaginarse a doña Leire Pajín Iraola, Secretaria de Organización del PSOE, leyendo a los clásicos griegos. Su pensamiento, con todo, está muy en la línea de Aristófanes. Con motivo de una reunión de la Comisión Internacional de Mujeres por una Paz Palestino-Israelí Justa y Sostenible (sic) la pensadora alicantina ha manifestado que la paz en Oriente Próximo puede lograrse mediante "una alianza fuerte entre mujeres". No ha precisado el contenido de la alianza mas, celebrándose exclusivamente entre mujeres, todo indica que se trata de repetir la jugada helena.

Por probar que no quede, pero esta idea tiene pocos visos de funcionar. Dicen las malas lenguas que uno de los principales estímulos para los terroristas suicidas consiste en acceder con presteza a las 72 hermosas huríes que en la otra vida les prometió Mahoma.

Si ahora los ponen en el dique seco, la iniciativa puede degenerar en la versión homicida de las fallas de Valencia.

lunes, noviembre 09, 2009

Matritense Maginot


Escamados por lo mal que les había ido en la Primera Guerra Mundial, a partir de 1930, los franceses erizaron su frontera con Alemania de fuertes, casamatas, campos de minas, túneles y trincheras. El impresionante conjunto de defensas, conocido como línea Maginot en honor del principal valedor del proyecto, monsieur André Maginot, pretendía disuadir al ejército alemán de un ataque directo contra suelo francés.

A pesar del inmenso esfuerzo militar y económico, la previsión gala se mostró inútil cuando el moderno y mecanizado ejército alemán invadió los Países Bajos y Bélgica caminito de París. En tales condiciones, la línea Maginot sólo servía para inmovilizar efectivos y materiales que se necesitaban mucho más al norte.

Desde entonces, la ingeniería militar ha progresado mucho. La línea de trincheras que el alcalde Ruiz Gallardón ha mandado construir en la madrileña Calle de Serrano destaca, precisamente por su extraordinaria movilidad. Un día las trincheras bloquean una calle, al siguiente cortan la paralela. Dos semanas más tarde hay barricadas en ambas. Por sorpresa se abren al tráfico dos días después...

Lo que no me queda muy claro es si el propósito de la fortificación es evitar que el Barrio Salamanca invada Chamberí o viceversa. Será cuestión de acercarse al Ayuntamiento y preguntar.

domingo, mayo 03, 2009

Guerra


Hay guerras que por lo alejado de su localización o el escaso interés que despiertan sus contendientes escapan de la cobertura de los medios de comunicación.  No esperen por tanto, encontrar en la prensa noticias del encarnizado combate que sostiene mi padre con las palomas, animales que en la antigüedad se consagraban a Venus y modernamente se afanan en excrementar inmuebles.

Las aves codician la terraza de nuestro piso por considerarla un lugar idóneo para establecer sus nidos.  Mi padre, por el contrario, sostiene que aquel es territorio ancestral de nuestra tribu -no en vano contiene tiestos que pertenecieron  a mi bisabuela- y se niega a consentir cualquier cesión de terreno. 
 
Hasta la fecha, el conflicto se había mantenido dentro de los usos de la honesta lid -zureos desaforados contra golpes en el cristal, retirada de nidos contra destrucción de geranios- pero esta mañana se ha traspasado el límite de lo razonable.  Un comando de palomas, con notorio desprecio por el Derecho Internacional, ha bombardeado con armas químicas de procedencia intestinal el jamón de bellota que se oreaba en la terraza.

¡Hasta ahí podíamos llegar! Desde este mismo momento renuncio a mi neutralidad.  A la siguiente paloma que se pose en el alféizar de mi ventana la despeno con el hueso del jamón profanado.

domingo, noviembre 09, 2008

Misión de paz


En 1839, un nutrido contingente de tropas británicas cruzó la frontera que separaba la India de Afganistán. El gobierno inglés, muy interesado en quedar bien con el público, aclaró que no se trataba de una acción de guerra. Las tropas de su majestad la Reina Victoria tan sólo estaban allí para ayudar al depuesto y agraviado Shah Shujah a recuperar su trono. Misión de paz, que se diría ahora.

Los afganos, mira que son cerriles por esas tierras, no captaron la diferencia. Eso de que anduvieran por allí pegando tiros unos tipos rubios vestidos de rojo que no eran parientes de nadie les sonaba a invasión. Asesinaron al tal Shujah, tomaron prisionero al comandante de la guarnición inglesa en Kabul y masacraron a sus tropas. Solucionado el asunto, los hospitalarios nativos regresaron a sus labores cotidianas: pastorear cabras, robar al vecino, acuchillarse por la espalda y ponerse de opio hasta el corvejón.

En la actualidad, son las tropas de la OTAN quienes se pasean, fusil al hombro, por el desolado yermo afgano. Los norteamericanos, brutotes pero sinceros, lo llaman "guerra contra el terrorismo"; los españoles, como antaño los ingleses, sostenemos que se trata de una misión de paz; los afganos, por su parte, reaccionan como es costumbre.

Un lugar de arraigadas tradiciones el lejano Afganistán.

domingo, septiembre 14, 2008

Macho Men

"I was promoted to be a major, and every
Allied government gave me a decoration
—even Montenegro, little Montenegro
down on the Adriatic Sea!" (*)
.
F. Scott Fitzgerald
"The Great Gatsby"

El 6 de Junio de 1918 fue un día complicado para la cuadragésimo novena compañía del Cuerpo de Infantes de Marina de los Estados Unidos de Norteamérica. No es que los anteriores hubieran sido muy buenos -el frente oeste fue un infierno incesante durante toda la Primera Guerra Mundial- pero las órdenes del día 6 exigían tomar la cota 142 y alguien en el Estado Mayor alemán había decidido que tal cosa no debía ocurrir.

Los marines, no obstante, son gente muy testaruda y, pese a la fiera resistencia teutona, lograron tomar la posición. Sin embargo, el enemigo consideraba el dichoso montículo de la mayor importancia para el devenir de la guerra y dispuso su reconquista de modo inmediato. Un pelotón de doce alemanes se dispuso a instalar cinco ametralladoras en la colina vecina, que era un poco más alta, para, desde aquella posición favorable, aniquilar a los exhaustos americanos, que apenabas disponían ya de munición.

Aquel debiera haber sido el fin de la cuadragésimo novena compañía. Si no lo fue se debe a que uno de sus integrantes, el sargento Ernest Augustus Janson era un héroe de la variedad más bruta. Uno de esos tipos que parte nueces con las pestañas y se come las piñas sin pelar. El sargento Janson, con la bayoneta calada, los ojos inyectados en sangre y berreando como un animal, se lanzó a la carrera contra el pelotón enemigo. Para cuando sus compañeros se dieron cuenta de lo que estaba pasando, Janson ya había capturado las metralletas, apiolado a dos alemanes y puesto en fuga a los otros diez.



En un solo día, el sargento Janson se convirtió en el soldado más condecorado del globo. Las naciones aliadas se dieron de tortas por concederle sus más prestigiosas distinciones:

-su país le otorgo las medallas de honor del ejército y la marina;

-Francia la Medaille Militaire y la Croix de Guerre con palma de bronce;

- Italia la Croce di Guerra;

- Portugal la Cruz de Guerra; y

- Montenegro, el pequeño Montenegro, la medalla de plata al valor.

Pues bien, si les parece que don Ernesto era un soldado de insuperable fiereza, desengáñense. Al lado de lo que tenemos en nuestra marina es un manso corderito carente de peligro y ferocidad. Fíjense como estará la cosa que, para solucionar nuestro conflicto con los piratas somalíes y proteger a los pesqueros españoles que faenan por allí, nos hemos conformado con enviar al Mar Rojo un capitán de corbeta. Sí, como suena, un capitán de corbeta, sin corbeta, ni marineros, ni apoyo aéreo, ni nada más.

Porque en la Primera Guerra Mundial permanecimos neutrales... Nos llegan a cabrear los alemanes y la ganamos con tres sargentos chusqueros, dos cabos, un soldado y medio alférez provisional.

-ooOoo-

(*) "Fui ascendido a mayor y cada gobierno aliado me condecoró. Incluso Montenegro, el pequeño Montenegro allí junto al Adriático."

lunes, marzo 03, 2008

Uniformes pixelados para el general y el soldado

Parece que en Venezuela andan sopesando la posibilidad de liarse a trompadas con sus vecinos colombianos a cuenta de la frontera entre Colombia y Ecuador. Como aquella pilla bastante a trasmano de la república bolivariana hay quien sospecha que lo que buscan en Caracas es un poco de jaleo que distraiga la atención.

En cualquier caso, si al final se deciden por la gresca, que se anden con ojo. No lo digo por la superior potencia del ejército colombiano ni por la mayor experiencia en el combate de sus soldados y mandos. Lo digo por el curioso diseño pixelado de sus uniformes de camuflaje.


Si la guerra se libra en la selva va a ser muy difícil verlos.

Como se enzarcen en la pantalla del Spectrum ni los van a intuir.
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