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martes, agosto 09, 2011

Sin

Sólo a mí se me ocurre regresar a mi afición de glosador del mundo universo en pleno mes de agosto, pues en verano, los periódicos, más que escribirse, se rellenan y uno se queda sin temas de los que hablar. Proliferan entonces noticias como la que acabo de ver:

"Detenido un hombre en Navarra por conducir sin carnet, sin ITV y dando positivo en la prueba de alcoholemia."

Y menos mal que no iba sin coche. Eso hubiera dado para rellenar tres periódicos.

viernes, marzo 13, 2009

Badén

La honestidad de Jesús Sepúlveda, alcalde cesante de Pozuelo, está en entredicho.  Entre otras cuantas cosas, se le acusa de aceptar de Francisco Correa, logrero engominado y corrupto mayor del reino, un valioso coche sin estrenar.  El que fuera alcalde niega los hechos y aduce que no hubo donación sino permuta, que Correa le cambió un Jaguar nuevecito por un BMW viejo, que sus razones tendría y que quién es él para cuestionarlas.  Para completar el rompecabezas, la diputada popular Ana Mato, por entonces casada con el regidor permutante asegura no saber nada del dichoso coche nuevo.


No es el coche del alcalde, pero queda bonito.

La gente, que es muy mala y gusta de malmeter, asegura que el alcalde es un chorizo muy bien curado pero con poca imaginación para las excusas.  Antes de condenar al pobre tipo es necesario, sin embargo, considerar un factor que nadie ha tenido en cuenta: los desproporcionados badenes que pueblan la zona.

Las localidades del norte madrileño -Pozuelo, Las Rozas, Majadahonda...- abundan en  niños y pastores alemanes, colectivos proclives a cruzar la calle en estampida y sin mirar si viene coches. Para proteger su seguridad y evitar atropellos,  los ayuntamientos de la zona han encaramado los pasos de cebra a unos badenes de la envergadura del Himalaya.


Típico badén de Pozuelo

Queda de este modo a salvo la integridad física de los viandantes, los cuales, si no se despeñan, pueden cruzar la calle con total seguridad. Los conductores lo tienen más cómplicado. Si coinciden con una expedición de alpinistas que esté tratando de coronar el badén pueden pedirle ayuda a los sherpas, que son muy sufridos y no cobran mucho. En otro caso, lo tiene bastante negro.

Ahora que contamos con todos los datos es fácil reconstruir la historia.  El infame corrupto Francisco Correa, cegado por la ambición y las ganas de presumir se compró un lujoso coche de línea deportiva y aspecto fardón.  El vistoso automóvil resultaba, sin embargo, incompatible con los elefantiásicos badenes.  El astuto facineroso puso entonces los ojos en el viejo BMW del señor Sepúlveda y se aprestó a hacerle el lío:

- ¡Qué coche más bonito!  Qué elegancia, qué clásica sobriedad, qué amortiguadores, que carrocería tan alta... Te lo cambio por mi deportivo, que está sin estrenar.

El muy primo del alcalde, creyendo por error que adquiría un chollo, aceptó el trato.

Vecino majariego cruzando la calle para ir al Opencor

Así se explica que doña Ana desconociera la existencia del coche nuevo.  El Jaguar, flanqueado del Everest, el K-2, el Makalu y el Annapurna, fue incapaz de salir de Pozuelo y jamás apareció en el domicilio conyugal.  Tres días más tarde, el alcalde permutó  el vehículo por dos mulas enjaezadas, un mapa del Karakorum y cuatro termos de café cargado. 

La historia sucedió así y el que lo dude es un rojo y un masón.

lunes, octubre 13, 2008

Faetón

"Cayó Faetón de la mayor altura,
conductor claro de la luz paterna;
a sobrado valor faltó ventura,
mas no faltó a su muerte fama eterna."

"Fábula de Faetón"
Conde de Villamediana



Repasando las noticias del fin de semana, he sabido que el coche que el político austríaco Jörg Haider conducía en el momento de su fallecimiento era un Volkswagen modelo Phaëton. Comoquiera que yo entiendo bastante más de mitología que de vehículos, les voy a narrar sucintamente el mito de Faetón.

A decir de los antiguos helenos, Helios, un dios de mediano fuste con nombre de mermelada, se encargaba a diario de pasear el sol por los cielos. Este empleo de taxista astronómico dejaba las noches libres y Helios, como dios griego que era, las entretenía preñando mozas. Fruto de tal pasatiempo nació un apuesto muchacho llamado Faetón.

El jovencito, que era un poco chuleta, solía fardar ante los colegas del trabajo tan molón que tenía su padre. Lo típico en la Hélade, vamos:

- ¡Chincha rabia!, que mi viejo es el chófer del sol y el tuyo limpia los retretes del Olimpo.

Para su desgracia, los colegas del chavalote eran una panda de adolescentes descreídos que pusieron en duda su filiación. Faetón, para cerrarles la boca, tomó prestado el carro de su padre. Fue esta una decisión desafortunada. Los rocines que tiraban del carruaje eran unos bicharracos fogosos de intratable temperamento. Al sentir una mano inexperta en las riendas, desecharon la disciplina y empezaron a correr sin control. Antes que el sol cayera sobre la Tierra y descarajara el mundo, Zeus paró el carro con un certero golpe de rayo. El sol y los jacos sobrevivieron. Faetón, pobrecito mío, no.


La historia tiene bastante atractivo, no lo niego. Hay adolescentes, envidia, sexo, aventuras y coches caros. Ahora, bautizar un vehículo con el nombre de un tipo que no sobrevivió al estreno del suyo no sé si es la mejor opción.

Como saquen al mercado el Volkswagen Titanic, se lo pienso volver a recordar.