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domingo, marzo 01, 2009

Debajo del colchón


La princesa del cuento de Andersen no podía dormir por habérsele ocultado un guisante debajo de cien colchones. El alcalde de Alcaucín, recientemente detenido, dormía como un ceporro con ciento sesenta mil euros apilados bajo el colchón.


¡Con razón se presentaba para alcalde! En unas elecciones para princesita no hubiera tenido ni la más mínima oportunidad. 

jueves, febrero 19, 2009

Cinco minutitos más, por favor...

En momentos de extraordinario cansancio la mente, a modo de defensa, integra en los sueños el sonido del despertador.  Alarmas de incendios, sirenas de bomberos o ambulancias, cualquier cosa es buena para ganarse diez minutitos más de descanso. 


Esta tarde, después de comer, se me han cerrado los ojos delante del televisor y mi mente se las ha arreglado para disimularme media hora de disparos a bocajarro en el "O.K. Corral" en un sueño sobre tracas valencianas.

Para mí que tanto memorizar códigos me está empezando a cansar de verdad.

miércoles, septiembre 03, 2008

Pesadillas

Hace tiempo, mi hermano sufría una pesadilla recurrente: sin aviso previo, sus dientes caían al suelo. Cada vez que me describía su sueño, yo impostaba un falso acento de psicoanalista argentino para comunicarle lo siguiente:

- "La pieza dental es un clarísimo símbolo fálico. Su privación revela el temor de perder el pene. Vos tenés un miedo enorme a la castración."

Francamente, espero que mi argentino falso se ganara el título de psiquiatra en una rifa de pueblo. Esta noche he soñado que me extraían un colmillo y, si hay algo peor que ser castrado, es que, encima, te practiquen la mutilación a plazos.

sábado, enero 19, 2008

Sonambulismo

Cuando era pequeño tuve unos cuantos episodios de sonambulismo. Con el tiempo, los paseos nocturnos cesaron y yo tuve por segura mi completa curación.

Sin embargo, una serie de hechos recientes me han llevado a cuestionar mis actividades nocturnas:

- Primero apareció, en el bolsillo de uno de mis pantalones, la tarjeta magnética de un Hotel de Amsterdam en el que no me he alojado jamás.

- Después amanecí con un largo arañazo que me recorría el brazo derecho y para el que no tenía justificación.

- Un mes más tarde, sin mediar explicaciones, el despacho de abogados para el que solía trabajar me ingresó 6.000 euros en mi cuenta corriente.

Entiéndanme. No es que me precupe recorrer europa en plena fase REM. Pero 6.000 euros por asesinar a un holandés, arrojarlo a los canales y volver a Madrid sin dejar pistas en el tiempo récord de seis horas y media me parece un salario profundamente miserable.
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