Lo malo de recorrerse Europa en aquella época era que tarde o temprano topabas con los romanos, que eran gente muy poco considerada con las migraciones ajenas. En las cercanías de Aquae Sextiae, el cónsul Gayo Mario, auxiliado por varias tribus ligures del norte de Italia, se enfrentó a la horda, masacró a la mayor parte de sus componentes y vendió a los pocos supervivientes como esclavos.
Lo más curioso del día ocurrió, sin embargo, al comienzo de la batalla. Los ambrones tenían por costumbre comenzar sus peleas gritando con fuerza el nombre de la tribu. Los auxiliares ligures que combatían con los romanos reconocieron en aquel grito de "¡Ambrones!" el nombre tradicional y sagrado de la suya. En consecuencia, lo gritaron también. Al parecer unos y otros eran parientes lejanos ligados por vínculos de consanguinidad. La situación debió resultar un tanto sorprendente y sospecho que al cónsul romano debieron ponérsele los pelos como escarpias. Afortunadamente para él, los ambrones ligures se tomaban su trabajo con encomiable seriedad y masacraron a sus parientes del norte con la profesional eficacia que se esperaba de ellos.
Acabada la batalla, los ambrones de Liguria se entrevistaron con los ambrones de Germania, les preguntaron por su genealogía, les palmearon la espalda y los vendieron a todos como esclavos. El siglo segundo antes de Cristo resultaba así de hospitalario y encantador.
Sin embargo, las coincidencias de nombre son, a veces, fruto de la casualidad. El candidato demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama, no tiene nada que ver con la ciudad japonesa de Obama, en la prefectura de Fukui. Es más, los obamenses, obameños o como quiera que se llamen diseñan y fabrican las estilosas gafas de la candidata a vicepresidenta del partido rival.
Dicho en breve: las gafas de la Palin son de Obama.
Si es que no te puedes fiar de los tocayos. Con tal de sacarse unas perras te la juegan sin dudarlo.





