Mostrando entradas con la etiqueta delitos y faltas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta delitos y faltas. Mostrar todas las entradas

jueves, abril 29, 2010

Cornudo y apaleado

Seguro que ya lo han leído en un periódico o en otro. Un joven de 19 años entra en el metro de Madrid, reconoce en un viajero a un rival político y le revienta la cara a patadas. Cuando la policia lo detiene, el energúmeno argumenta su salvajismo del siguiente modo:

"Yo soy antifascista y, cuando veo a un fascista, le pego. Es un hijo de puta, amigo del que mató a Carlos Palomino."

Contemplen ahora cómo lo cuenta la edición digital del diario Público:


Con una toma tan borrosa es fácil hacerse un lío, pero no se preocupen. Para encontrar al presunto descendiente de meretriz al que alude el titular, tienen dos opciones igualmente cómodas: o bien siguen la flecha roja que les he dibujado yo, o bien siguen la pierna del benéfico ciudadano que le cocea la sesera.
.
Se nota que Público es una publicación progresista y revolucionaria. El insulto tradicional para un apaleado era llamarlo "cornudo".

jueves, mayo 15, 2008

Veinticinco Ases

Ayer, con tanto elucubrar sobre la legislación que sanciona las bofetadas, me acordé de una sabrosa anécdota latina. La cuenta Aulo Gelio en sus Noctes Atticae y, si bien no incluye discriminación sexual alguna, sí que es rica en bofetones y sus penas.

Una antiquísima ley romana recogida en las Doce Tablas establecía que aquel que golpease a un hombre libre sin causarle lesión quedaría obligado a pagarle veinticinco ases en compensación de su ofensa. La norma parecía muy lógica, sensata y atinada, pero tenía un defecto. Veinticinco ases podían ser una pasta para un pescadero de la Subura, pero, para un nabab malintencionado, la norma inauguraba una barra libre de mojicones.

Un tal Lucio Veratio, acaudalado patricio, tenía por costumbre pasearse por Roma abofeteando a cuanto ciudadano se cruzaba en su camino. Un esclavo que le seguía entregaba de inmediato al ofendido las veinticinco monedas de la multa. Para evitar que alguien le devolviera las monedas y el pescozón, un par de fornidos matones cerraban la comitiva.

Reflexiona el autor:

- "Quis enim erit tam inops, quem ab iniuriae faciendae libidine viginti quinque asses deterreant?";

que, en libre traducción, significa:

-"¿Quién se negaría a tal precio el gustazo de cometer la injuria?"

Lucio Veratio, desde luego no. Aulo Gelio, por el tono de chufla con que lo cuenta, es muy posible que tampoco.
.