miércoles, julio 28, 2010

Mumi (III)

Recuperado mi estómago, recuperemos la historia donde la dejamos.

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Las preocupaciones de mi madre estaban seriamente fundadas. En la portada de mi tía, habilitada para la ocasión, un disciplinado pelotón de señores descamisados se dedicaba a guisar caldereta de cordero en seis enormes peroles. Para que la gente matara el tiempo encolesterolándose las arterias, dos enormes mesas repletas de alimentos flanqueaban a los pinches sudorosos. Entre el calor, la comida, el fuego y los más de cien invitados que se apretaban allí, igual hubiéramos podido pasar por un relieve rómanico del infierno que por una boda campesina pintada por Brueghel el viejo.

No obstante, como no había diablos a la vista, las cosas transcurrieron con toda normalidad. Mi madre busco refugio junto a la jarra de limonada, púsose mi hermano a exhibir a su niña, marchaba mi padre de grupo en grupo fingiendo recordar a sus paisanos y yo tomaba notas mentales de todo lo que pudiera alimentar mis chuflas.

A su debido tiempo, que no es tanto si el cordero es tierno, la concurrencia despachó el contenido de los peroles y arrojó los huesos mondos entre los guijarros del suelo. Contemplando la acumulación de restos, mi padre sentenció:

- En el futuro vendrán los arqueólogos y deducirán que en este patio se celebraban innumerables sacrificios humanos durante el bárbaro siglo XXI.

Deduzco que, según mi progenitor, un español contemporáneo es absolutamente indistinguible de un borrego. Cuanto más leo la prensa, más cerca me hallo de compartir su opinión.

3 comentarios:

joven dijo...

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suri kata dijo...

Creo que el joven de arriba quiere que le invite a su pueblo.

petete dijo...

Que poca tregua le ha dado a su estómago.

Por cierto, si cruza al borrego con un cabrito, seguro que ya tiene al español contemporáneo, en especial la subespecie del político, del sindicalista y en especial la del nacionalista.