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viernes, noviembre 20, 2009

Contra la piratería

Lo dice don José Blanco López, Ministro de Fomento:

- "España es el país que más está haciendo contra la piratería".



¡Y tanto! Al precio que nos cobran los piratas, si pagamos otro par de rescates los retiramos a todos.

martes, abril 21, 2009

Una de piratas

"Oh quarter, oh quarter" / Those pirates they did cry
But the quarter that we gave them / Was we sank 'em in the sea
All a-cruisin' down the coast / Of High Barbary (*)
Canción marinera



Como son ustedes unos ciudadanos curiosos y bien informados ya sabrán que en Somalia se capea la crisis practicando la piratería, oficio tan antiguo cuan molesto para terceros. La marina de los Estados Unidos de Norteamérica, una de las naciones agraviadas por los corsarios, ha desplazado varios navíos a la zona para zanjar el asunto por el método bravo.  Por de pronto, el USS Bainbridge, ha hundido un barco pirata y capturado a un tal Abdul Wali-i-Musi, bucanero imberbe, que responderá ante un tribunal federal de los cargos de secuestro y piratería.

Puede parecer que la misión va bien encaminada, pero no se fíen. Al escoger el USS Bainbridge para escarmentar piratas, los norteamericanos han desatado uno de los más potentes gafes que baña la mar salada: la insuperable mala sombra del comodoro William Bainbridge (1774-1833) en todos los asuntos relacionados con la piratería.

La primera vez que el marino de Nueva Jersey topó con piratas fue en 1798, cuando el USS Retaliation, su primer destino en la armada, fue capturado por corsarios franceses.  Los gabachos se quedaron el barco, pero desembarcaron a la tripulación en territorio neutral. Gracias a ello, el entonces teniente Bainbridge, estuvo disponible para encabezar una misión diplomática al reino pirata de Argel.  Su encargo no era otro que pagarle una buena cantidad de dinero al Bey de Argel, pirata en jefe de Berbería,  si el rey moro se comprometía a permitir la navegación comercial por sus aguas.


El Bey, que era un pájaro de cuenta, apresó al embajador y le birló la pasta y el barco, obligándole después a trabajar a sus órdenes en concepto de mensajero.  Cuando se hartó de humillar al americano, el monarca lo mandó de vuelta a casa.

Los Estados Unidos, escarmentados por la experiencia, declararon la guerra a los reinos piratas de Berbería: Túnez, Trípoli y Argel. Bainbridge, que recibió el mando de una hermosa fragata, el USS Philadelphia, fue enviado a luchar contra el Bey de Túnez.  La batalla marchaba de perlas hasta que el barco de Bainbridge embarrancó inexplicablemente en mitad del puerto.  Los piratas, que ya le habían cogido el tranquillo, apresaron el barco con toda la tripulación.  

¿Y como semejante cenizo -preguntaran ustedes-  goza del privilegio de dar su nombre a un buque de guerra?  Verán, su gafe sólo afectaba a los piratas.  En la guerra de 1812, contra la marina inglesa y sin piratas a la vista, Mr. William causó más estragos entre los británicos que el escorbuto, la disentería y la repostería inglesa.  La gloria allí conseguida borró del recuerdo su torpeza con los bucaneros.

Ahora bien, piratas es precisamente lo que sobra en Somalia... Con la de barcos que tendrán los yanquis ya podrían haber enviado otro.

-ooOoo-

(*)  "¡Cuartel, cuartel! / - gritaron los piratas / pero el cuartel que les dimos / fue hundirlos en el mar / navegando por la costa /de la Alta Berbería.

lunes, abril 28, 2008

La remuneración del crimen

"Uno de los negociadores confirma que se pagó
1,2 millones de dólares para liberar al atunero."

EL MUNDO 28-IV-2008


El crimen no paga.

Los criminales, no obstante, cobran que es un gusto.
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martes, abril 22, 2008

Piratas


Yo pensaba que la piratería marítima era uno de esos oficios que habían caído en desuso, abandono y olvido, pero parece ser que no es así. En Punt, una región de Somalia con vistas al Mar Rojo, es la ocupación por defecto de la gente del lugar. Hace unas semanas secuestraron un crucero galo. El turno le ha tocado ahora a un modesto atunero español.

En la Cilicia del siglo I a.C. pasaba tres cuartos de lo mismo. Tú le decías a tu padre que querías irte a estudiar metafísica a Atenas y lo menos que te llamaba era vago, flojucho y haragán. En cambio, si le comunicabas que lo tuyo era el robo, el saqueo y la violación, al hombre le rodaban dos lagrimones por las mejillas, pedía un crédito al usurero del barrio y te adelantaba la pasta necesaria para iniciar tu carrera criminal. Las costas de Cilicia, imagínenselo ustedes, no eran el lugar más propicio para ponerse a navegar.

Julio César lo experimentó en sus carnes. Iba el romano camino de Rodas, cuando los piratas cilicios lo secuestraron conforme al uso local. Mientras aguardaba los cincuenta talentos de su rescate, el joven ítalo confraternizó considerablemente con sus captores. Uno de ellos le preguntó qué pensaba hacer después de ser liberado.

- ¡Oh! Poca cosa. Armaré una flotilla, os capturaré, recuperaré mi dinero y os crucificaré.

Los piratas rieron de buen grado. -Fíjate que rehén más salado que nos hemos ido a encontrar-.

Saladísimo. En prenda del buen trato recibido, el amigo Julio, aunque cumplió su palabra, ordenó que los estrangularan antes de clavarlos en la cruz.

No. No estoy tratando de dar ideas. Para saber cómo se resuelven estos casos tampoco hace falta mirar tan atrás.
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