El coronel
Muammar Al-Gaddafi lleva cuarenta años firmando sus documentos como Hermano Guía de la Gran Revolución de Primero de Septiembre de la Gran Yamahiriya Árabe, Popular y Socialista de Libia. En román paladino, eso significa que en Trípoli y alrededores se hace lo que él diga y a quien proteste que
le den masculillo contra un camello.
Si el nombre que eligió para su cargo revela una cierta afición por el barroquismo, su vestimenta lo confirma más allá de toda duda razonable. No es caso único entre los dictadores africanos -los gorros de leopardo que se encasquetaba Mobutu abrieron camino para el gobernante hortera- pero el coronel norteafricano lo ha llevado a la perfección. El Hermano Guía alterna tres versiones de sí mismo: beduino con cataratas, militar sobredorado y exótico inclasificable.
- El traje de beduino -chilaba blanca, pantuflas bordadas y gafas de sol- es el más sobrio de todos.
- La vestimenta militar compensa el modesto rango de coronel con tal profusión de galones, charreteras, bandas, medallas y bordados que uno no puede dejar de preguntarse cuál será la apariencia de un Mariscal de Campo del ejército de la Gran Yamahiriya Árabe Socialista esa. Nunca he visto uno, pero tiene que ser como toparse con un abeto de navidad con sable y gorra de plato.
- El Gaddafi exótico, por último, se suelta los rizos, se envuelve el torso con treinta metros de tela para cortinas y se cubre con un birrete sin borla.
Para visitar Italia, país antaño invasor y ahora amigo, don Muammar ha optado por la segunda indumentaria, que es la que más impone. Creativo como es, el norteafricano ha introducido un elemento hasta ahora desconocido en la sastrería militar.
Sobre el pectoral derecho, equilibrando con habilidad el catálogo de Titanlux que lleva sobre el izquierdo, el Hermano Guía se ha colgado una foto en blanco y negro enmarcada con cuatro trazos de rotulador rojo. Además de su innegable valor estético la novedosa condecoración tiene una función reivindicativa: los entendidos en Historia del Magreb aseguran que el de la imagen es un tal Omar Al Muktar, independentista libio ahorcado por los italianos en 1931.
Lamentablemente, si con ello pretendía tocarle i coglioni al presidente italiano, el coronel ha calculado muy mal. Para empezar, es muy improbable que Berlusconi reconozca al tal Omar. Además, don Silvio, como es bien sabido, sólo se deja manipular la entrepierna por jovenzuelas mollares en traje de baño.
Eso sí, el uniforme con foto es lo más divertido que he visto en años. En la próxima fiesta de disfraces yo pienso vestirme de Hermano Guía.