Tengo un problema, lo admito. Cuando alguien me dice que no puedo hacer algo, tiendo a escuchar: "- ¿A que no te atreves?". Un profesor de gimnasia del instituto al que yo asistía tuvo la mala idea de insinuar que yo nunca sería capaz de saltar la mesa alemana. Tanto la salté que aterricé más allá de la colchoneta y me pasé el verano con collarín.
Así pues, cuando un comentarista me deja caer con ironía que, por el mismo precio que me río de la Barbie deforestadora, podría arrimarle estopa al lince ibérico yo, lo que escucho es "leña al lince que es de goma". Una provocación un tanto innecesaria por dos razones:
- La primera, que el lince es un cliente habitual de mi choteo.
- La segunda, que bastante tiene el pobre bicho con sus evidentes problemas de diseño.
Admitámoslo, un animal que se empeña en extinguirse contra el empeño del mundo entero tiene que estar diseñado con los ojos cerrados. Comparémoslo, a efectos pedagógicos con un prodigio de buen diseño: la cucaracha.
A lo largo de la Historia, millones de humanos de todos los tamaños, colores, temperamentos y sabores se han empeñado en exterminarlas y ahí las tienen: cada día están más gordas. Si el destino te es adverso, incluso te puedes topar con el modelo mejorado: del tamaño de un dedo pulgar y con la habilidad de emprender el vuelo.
¿Y el lince? Pues el lince igual que siempre. Con abrigo de pieles en plena Andalucía y las mismas patillas que lucía Alfonso XII.
De todos modos, si les molesta que le meta caña al lince no se preocupen. Yo sólo soy un kakapo y el kakapo, como todo el mundo sabe, además de gordo es idiota.
jueves, junio 09, 2011
Leña al lince, que es de goma
Categorías: autoescarnio, bestiario
miércoles, junio 08, 2011
Leñadora
Categorías: reflexiones de besugo
martes, junio 07, 2011
Derroche
El procedimiento para subir a los altares está minuciosamente reglamentado: para llegar a beato es necesario realizar un milagro, para ascender a santo se necesitan dos.
Así pues, lo que ha hecho san Josemaría Escrivá de Balaguer, que ya tiene la santidad consolidada con pluses y trienios, al aparecerse en una papeleta de ERC y anularles el voto decisivo para el ayuntamiento de Gerona, es un derroche.
Un derroche de mala leche, dicho sea de paso.
lunes, junio 06, 2011
Plegarias atendidas
Llevamos tres días con obras encima del despacho.
El primer día golpeaban las paredes con un mazo y todos suplicábamos que acabaran de una vez.
Se nos concedió. Al día siguiente, una taladradora sustituyó al martillo perforándonos el cerebelo. Todos pedimos entonces el retorno del mazo.
Hoy, un obrero le daba al mazo y otro le daba al taladro.
Para mañana hemos pedido una bomba de hidrógeno. Cuanto antes se acabe el sufrimiento, mejor para todos.
Categorías: empleo, yo mismo y mi circunstancia
domingo, junio 05, 2011
Por radar
Lo vi mientras conducía mi cochecito leré. Un cartel electrónico advertía a los conductores de que estaban bajo la vigilancia de las autoridades:
- "Control por radar."
Después parpadeaba y repetía:
- "Control por radar."
Primero pensé que el cartel estaría corto de baterías. Después de un rato descubrí la verdad. Primero advertía en gallego y después en castellano.
O a lo mejor era al revés. No se me ocurre la manera de averiguarlo.
Categorías: el cocherito leré, lenguas del mundo
jueves, junio 02, 2011
miércoles, junio 01, 2011
Humor acuoso
En la Edad Media, el melón tenía muy mala fama entre los galenos. Con la creatividad que les caracterizaba para estas cuestiones, los matasanos habían concluido que el melón contenía un exceso de humores acuosos y que su ingesta tendía indefectiblemente a desestabilizar el natural equilibrio de los humores del cuerpo. Algún que otro desafortunado glotón murió tras culminar un épico banquete de quince platos y fue declarado víctima del melón que ingirió de postre, ya que, como es bien sabido, uno puede comerse un buey relleno de pajaritos y quedarse tan pancho, pero una rajita de melón es como mandarle un sms a la Parca.
Les cuento todo esto porque, bien mirado, un melón no deja de ser un pepino con pretensiones. Si no fuera por la muy sabida carencia de humor de los boches, tentado estaría de pensar que a los alemanes no les ha infectado la Escherichia coli, que el suyo es un problema de exceso de humor acuoso.
Categorías: cocina, noticiario, salud