miércoles, septiembre 15, 2010

A falta de pan...


El primer día de trabajo le di una oportunidad a la máquina de café de la oficina. Llamar veneno al subproducto de sus entrañas es un acto de piedad innecesaria. Veneno es lo que untan los salvajes en la punta de sus flechas, lo que exuda el condenado aparato es un anticipo de las penas del infierno programado en el despacho por la dirección común de ambos.

Como servidor repudia el dolor innecesario, el segundo día me pasé al té de bolsitas. Malo no estaba, pero se acabó el lunes. El resto de la semana me he tenido que conformar con descafeinados de sobre. Pronto llegaré a añorarlos, porque esta tarde me he ventilado el último.

A partir de mañana, leche sola y, si no reponen suministros, terminaré el mes con tazones de agua hervida... Lo que sea antes que traerme la bebida de casa. Si tengo que hacer jornadas de doce horas lo menos es que el despacho me pague los vicios.

2 comentarios:

Amanita Faloides dijo...

¡Bueno logo!

¿Tan pronto te rindes?

Querido, estás en la Reserva Noroccidental ¿pensabas que iba a ser fácil?

Verás cuando cuentes la del pulpo...

Achab dijo...

¿Pulpo a la hora del café? ¡No! ¡Gracias!