miércoles, enero 31, 2007

Extinción

En uno de sus libros, no me pregunten en cuál, Cela glosaba una irreverente letrilla popular que advertía contra el rijo del clero del procaz modo siguiente:

"Cuando a un fraile se le hinchan los c....
es inútil tomar precauciones."

No sé yo que fundamento tendrá dicho aserto, pues los frailes de mi colegio no pasaban de soltar un capón de vez en cuando, pero voy a permitirme coger prestada la letrilla para afirmar que:

"Cuando a un bicho le da por extinguirse
es inútil tratar de resistirse."

El primer indicio de esta preocupante verdad zoológica lo dieron los dinosaurios. Vale que cayó un meteorito muy gordo, que todo se puso perdido de polvo de iridio y que la atmósfera enrarecida filtraba mucha luz solar, pero mi cuarto trastero tiene polvo para aburrir, la bombilla está apagada casi siempre y las cucarachas no paran de engordar. Si algo no puede con un insecto negro y cabezón es inconcebible que apiole a un diplodocus hecho y derecho. Asumámoslo, los dinosaurios se extinguieron por que les dio la real gana. Se conoce que estaban ya hasta los fósiles de pasarse los eones mascando helechos y meneando el rabo y decidieron darse de baja. Lo que pasa es que, como por allí no había ningún zoólogo que tomase notas, le echaron al culpa al meteorito y todos contentos.

Sin embargo, hechos más recientes han permitido profundizar en el conocimiento de la verdad. No son sólo los cetáceos que se varan en las playas sin motivo aparente, el problema es general. Recuerdo, sin ir más lejos, que, hace unos años, unos biólogos aburridos toparon con la última pareja racialmente pura de una variedad de rumiantes pirenaicos. Entusiasmados con el hallazgo les conectaron unos transmisores, les tomaron muestras variadas y los dejaron a su aire en el monte. Los bichos, indignados con esta maleducada interferencia en su complaciente extinción treparon a lo alto de un risco en plena tormenta veraniega. Allí, un oportuno rayo convirtió a la feliz pareja en asado de cabra cabreada con salsa de transistor.

La última bestia empeñada en chotearse de los conservacionistas ha sido el Lagarto Gigante del Hierro, un reptil canario de color parduzco y considerable porte. Comoquiera que no quedaban demasiados bichos de estos, los responsables locales de medioambiente llevan una década apareándolos sin descanso. Una labor loable, no lo niego, pero inútil: el lagarto de marras es otro de esos testarudos bichos empeñados en hincar el pico. El otro día, una inesperada borrasca descargó sobre la isla canaria con tanta fuerza que los torrentes arrastraron al mar árboles, muros, coches, propiedades diversas... y la mitad de los lagartos que aún quedaban por allí.

Si cuando digo yo que lo hacen aposta...

7 comentarios:

Gato dijo...

Que es que ser rarito y suicidarse queda bien. Es tan moderno... que es una estúpida costumbre que supera a la especie humana.

Gin dijo...

Podía darles por extinguirse a las garrapatas (las odio desde que me transmitieron las fiebres mediterráneas).

PD.- ¿precavirse???? querido!!!

Achab dijo...

Gato:

Todo se pega.

Gin:

Ups... ¡qué fallo más tonto! Goma y lápiz y solucionado queda.

florecilla de alcanfor dijo...

Están locos por extinguirse.
Como dicen en mi casa: Entre el niño que es llorón y la madre que lo pellizca...

Esther Hhhh dijo...

Ains, Gin, estoy contigo a ver si se estinguen las puñeteras de las garrapatas..
Capi, los lagartitos son una monada, oye, tan elegantes, color chocolate con manchitas en amarillo fuerte. Preciosos y muy a la moda.. Yo creo que necesitan que alguien les comente que son muy fashion y tal, los pongan de moda y les den un par de programas del corazón en exclusiva. Seguro que se les pasa las ganas de autoinmolarse...
Besitossssssss

suri kata dijo...

Lo que pasa es que tanta protección les ha convertido en unos cursis. Que aprendan de las cucarachas.

Achab dijo...

Florecilla:

Jo con las madres in your home sweet home.

Esther:

Monos si que son. Pero suicidas un rato largo.

Suri kata:

Eso va a ser.